Muy buenos días, soy Fabi, retomando los audios después de un tiempo de mucha bendición en Villa María. Gracias a Dios y también a cada uno de los que compartieron esos días. Leí esta historia hace poco. A los nueve años, contaba un famoso deportista, soñaba con jugar algún día en los equipos más importantes del mundo. Pero cuando era niño, a esa edad, tenía que viajar entre ocho a 10 km para practicar. Y a veces el único medio de transporte que teníamos era que algún papá nos llevara en su auto a casa después de la práctica.
Recuerdo especialmente al señor Neyman. Él me dejaba donde el camino terminaba y yo tenía que atravesar un trecho, un campo oscuro y solitario hasta casa. No era feliz cuando veía que el sol se estaba yendo y se acercaba la noche, porque entonces mi mente recordaba historias que se contaban sobre ese lugar entre miedos, sombra y soledad, que agrandaban mis temores. Así que corrí ese trecho a toda velocidad, como si el peligro me persiguiera. Pero recuerdo también esos días maravillosos en que en medio de las sombras veía la silueta de mi padre caminando hacia mí para encontrarme allí donde el camino terminaba. Era su sonrisa confiada, una visión inolvidable para mi corazón. Y entonces caminábamos juntos a casa. La oscuridad ya no me daba miedo. Papá estaba a mi lado.
Hay dos formas de caminar en este día. Una puede ser un viaje solitario, ansioso, amenazante. O puede ser un viaje acompañado por aquel que jamás ha hecho ni hará a tu corazón y al mío una promesa vacía. Nunca te dejaré, dice el Señor. Nunca te desampararé en Hebreos capítulo 13. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo, dice el Señor también en Mateo capítulo 28 ÿ. Él no nos promete un camino de rosas.
Él promete caminar cada tramo junto a nosotros. Tengo un recordatorio escrito para leerlo cada vez que abro los ojos por la mañana. Señor, ayúdame a recordar que no hay nada que me pase hoy que no podamos manejar juntos. Pase lo que pase, el Señor está ahí para caminar con nosotros eso que a veces nos parece una pesada milla más, con su amoroso brazo alrededor del nuestro, para darnos paz y aliento en este día. Aunque ande en el valle oscuro, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo, dice el salmo 23. Que la paz de la presencia de Dios te acompañe en este día.
En el nombre del Señor Jesucristo.