Muy buenos días, soy Fabi. ¿Estás aquí por si funciona o para que funcione? ¿Hemos estado caminando este año y tal vez estás en esa etapa en que nos preguntamos dónde están, señor, los ríos de agua viva para mí? Señor, no siento que mi fe funcione. Lo que, honestamente, también nos puede hacer sentir culpable. A veces. Es como si una pared se elevara entre nuestra mente lo que sabemos y nuestro corazón lo que sentimos. Cuando chocamos con muros, hacemos una de dos cosas o tendemos a abandonar o peleamos contra eso hasta agotarnos.

Cuando algo no cumple nuestras expectativas, queremos abandonar, porque muchas veces no encontramos sentido a lo que está ocurriendo. O si no, apretamos los dientes y luchamos más y más hasta quedar exhaustos esto no me ha funcionado, me voy. Y entonces viene a mi corazón la mujer de Juan, capítulo cuatro, aquella samaritana cuyo eslogan de vida podría haber sido no funcionó. Esperé de la vida, de las relaciones, de los sueños. Pero no estoy sola con mi pasado, con lo que está ocurriendo hoy. El Señor la invita a que se siente junto a un pozo profundo de agua, no en la superficie de sus propios desiertos.

Él no se toma tiempo para escuchar nuestro corazón, porque todo funciona perfectamente en nuestra vida, sino porque sabe que él es la única fuente de sanidad de las heridas y la fuerza que necesitamos para seguir adelante. Él está y permanece para que funcione la fe, la esperanza, el amor, la paz, porque él mismo es la fuente de todo eso. Y comprendemos entonces por qué aquella mujer le dice al Señor Jesú Señor, dame de esa agua y no volveré a tener sed jamás.

Nos quedamos junto al corazón de Dios porque él es nuestra fuente. No porque todo funcione a la perfección, sino porque es la única manera de que funcione con propósito y avance la vida permanecer con Jesús, porque allí se encuentra el aliento para este día. Quedémonos junto al río de agua viva. El viento de su espíritu comienza a soplar. Una nueva valentía y fe para lo que viene. No sé lo que estén diciendo las circunstancias, pero me quedo junto a Dios porque quiero escuchar su incomparable voz para mi corazón. Esa es la parte de la que vos y yo somos responsables para que la esperanza funcione.

El ayer pasó, el mañana aún no llega. Tenemos el hoy. Avancemos. Que así sea. En el nombre del Señor Jesucristo. Amén. Bendecida semana para todos. Ÿ.