Muy buenos días. Soy Fabi. Ha sido establecido científicamente que el abejorro no puede volar. Su cabeza es demasiado grande y sus alas demasiado pequeñas para sostener su cuerpo según las leyes aerodinámicas. Sencillamente no puede volar. Pero claro, fue diseñado por un Dios creador asombroso. Así que vuela. Isaías 66 con mis manos hice tanto el cielo como la tierra. Son míos, con todo lo que hay en ellos. Yo, el Señor, he hablado. Como en el caso del abejorro, así también nuestro caso. ¿Te pasó alguna vez encontrar ante una situación difícil, más fuerza en tu interior de la que suponías que tenías? Ÿousand hay algo en la crisis que nos lleva a un punto de decisión. O nos aplastan, o encontramos en nosotros nuevas fuerzas para levantarnos otra vez. Aun cuando hoy no lo sientas así, Dios es la fuente de toda fortaleza.
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece, dice Filipenses capítulo cuatro. Todos nosotros tenemos fortalezas de carácter que hemos ido adquiriendo a lo largo de nuestra vida, como la perseverancia, la alegría, la proactividad, la compasión. Pero también tenemos fortalezas circunstanciales. Son las que aparecen cuando hay que levantar vuelo ante circunstancias y vientos contrarios muy difíciles. ¿Alguna vez alguien te estoy sorprendido con la entereza que estás enfrentando esto? Esa fortaleza circunstancial es posible solamente por el poder de Dios que actúa en nosotros.
Pero este proceso interior no es mágico. Es un aprendizaje de confianza en Dios. He aprendido a contentarme cualquiera sea mi situación, dice Pablo en el pasaje bíblico que cité anteriormente. Es un aprendizaje. Si el apóstol Pablo necesitaba ese proceso, nosotros también. ¿Qué hiciste bien en tu última tormenta, que te trajo paz aun cuando todo era difícil? Esa es la fortaleza circunstancial, la que tomamos como impulso, como viento a favor. Por supuesto que todos nos equivocamos y flaqueamos de alguna manera ante algún gran problema. Pero es verdad que reconocer lo que nos hizo bien, la fortaleza que usamos del poder que Dios puso en nosotros, hace que sea más sencillo que la próxima vez hagamos lo mismo.
Porque los ojos del Señor están sobre nosotros, aun en ese desierto. Él es el Dios que nos ve, que nos conoce íntimamente, profundamente. Cuando el peso se sienta demasiado, recordá al abejorro y recordá que fuiste diseñado por un Dios amorosamente asombroso. Así que levanta las alas y volá. Que así sea. En el nombre del Señor Jesucristo.