Muy buenos días, soy Fabi. Así como después de alguna comida, cumpleaños o eventos, llega el momento de juntar lo que ha quedado, un trozo de esto, un pedazo de aquello, porque hemos decidido no desperdiciar, así que todo se envuelve y van los restos a la heladera. Así estamos terminando otra semana y si se abriera la puerta de nuestra alma, tal vez solo encontraríamos fragmentos. Quedó un poco de fuerzas por aquí, algunos trozos de inseguridades allá, otro poco de preocupación junto a un resto de fe que la gracia de Dios mantiene viva. ¿Entonces, qué podemos hacer con todo esto? No tengo un paso a paso, pero sí una historia que de alguna manera responde a esta pregunta de mi corazón. Un niño que solo tenía dos peces, cinco panes y entregó su almuerzo a Jesús. Según dice el relato en Juan capítulo seis, el Señor Jesús levantó los ojos al cielo y dio gracias.

Los partió en pedazos pequeños y los sirvió a 5000 personas que tenían hambre. Y también aquel día, sigue diciendo el relato, aquel día también sobró algo. Mientras miramos los pedazos rotos de esta semana, tal vez se nos haga difícil pensar que Jesús da gracias por objetivos que tal vez nos propusimos y quedaron por la mitad, por las dudas que nos trae la espera interminable. Ÿousand pero cada vez que he levantado mis ojos al cielo, he visto sus ojos de amor e imagino sus manos tomando las mías y dicié Fabi, te amo, dame todas estas cosas.

Y ahora te invito a vos a poner tu nombre ahí. Poné tu nombre y escuchá como el Señor mismo te dice te amo, dame todas estas cosas. Y nosotros respondemos aquí están Señor, ayúdame a creer. Así que este fin de semana no te detengas, porque desde tu punto de vista solo es un montón de cosas rotas. Porque el Señor Jesús no está buscando perfección, nos conoce demasiado para eso. Él anhela bendecirnos y mostrarnos cómo puede hacer algo hermoso con nuestros días, con nuestra vida. Él da gracias por nosotros, podemos ponernos en sus manos así tal como somos. Él nos acepta y en sus manos, aún los trozos, lo que sentimos que está roto es transformado en bendición multiplicada.

Dios sigue siendo Dios, la promesa que Dios sigue estando viva. Ÿousand confiemos en él. Él puede. El Señor no te ha olvidado y jamás te dejará abandonado en medio de tu viaje. Así es. En su nombre, amén. Bendecido fin de semana para todos.