Muy buenos días, soy Fabi. Un hombre le preguntó a un gran equilibrista cómo lograba llegar al otro lado de la cuerda. Él le contestó Fijo mis ojos en donde voy. Mi mente está fijada allí, no en el abismo bajo mis pies. Puestos los ojos en Jesús, dice Hebreos capítulo 12. El Señor me llevó a un lugar seguro porque me ama, dice también el salmo 18. Ÿousand no importa lo desconocido que pueda deparar los días venideros, cuando agradecemos de antemano por lo que Dios hará en nuestras vidas, nos estamos adelantando al miedo. Nuestros pensamientos se alimentan de miedo o de paz y del amor de Dios. Eso que me está impulsando en esta mañana es en lo que me termino convirtiendo y expresando.
Me impulsa el miedo, el control. Entonces estaremos haciendo más gigantes nuestras montañas a imposibles. En este día lo que más me asustaba me sobrevino. No encuentro paz ni sosiego, solo agitación, dice Job capítulo tres. O podemos abrir las manos y el corazón en este día y contar las formas en que Dios nos ama. La fe en Dios, en sus caminos más altos que los nuestros, nos da ojos para ver realmente. En medio de nuestras propias agendas de consultas, resultados, balances de fin de año, facturas, trabajos, a veces la ansiedad se hace palpable. Conozco íntimamente este miedo a lo desconocido. Sin embargo, ahí está. Él es Dios, mi Dios y Padre todopoderoso.
Y él está recordando, restaurando, recontando su historia de amor y cuidado por cada uno de nosotros. Entonces fijamos nuestra mirada en el consumador de la fe, porque lo que está en juego es nuestro corazón, no las circunstancias. ¿Qué pensás que le importaba realmente al Señor Jesús en medio de aquella tormenta en el mar, cuando Pedro caminó sobre el agua y se hundía? ¿Le importaba el viento, las olas o el corazón de su amado amigo? Lo mejor de Dios no se ve en calmar la tormenta, sino en cómo va transformando y calmando con su paz.
Mi corazón, tu corazón. Dios no nos creó para resolver y resolver problemas. Dios nos creó con un corazón para tener una relación verdadera con él, para que en este viaje de la vida confiemos con todo nuestro corazón en él. Pero ustedes, mis queridos hijos, ya lograron la victoria, porque el espíritu que vive en ustedes es más poderoso, dice primera Juan capítulo cuatro. Así es. En su nombre. Amén.