Muy buenos días. Soy Fabi que te rodea en esta mañana. Y no hablo de lo físico, sino de ese desfile que hay mañanas que se reproduce en nuestra alma. Preocupaciones, lo que el día anterior no hicimos bien, relaciones que se estancan. Ni siquiera ha terminado la mañana y ya estamos llevando tanta carga pesada. Un día, el escritor del Salmo 32 también se levantó complicado en su corazón. Sin embargo, él pudo levantar su mirada y permitió que Dios fuera quien restaurara su alma. Él escribió Señor, tú eres mi escondite. Me proteges de las dificultades y me rodeás con canciones de liberación y victoria. Entonces comprendo que según lo que hago con las cargas Ÿousand depende de lo que me rodea en este día.
Imaginemos que es como un marco, un recuadro que le ponemos a las circunstancias de hoy. Podemos enmarcarlas, rodearlas con decepción, con miedos, o podemos permitir que Dios las tome en sus manos y cante una canción todopoderosa de libertad y victoria. Dios siempre ha hecho y hará las cosas de la única manera que él sabe de manera perfecta por su gran amor con que nos amó. Tal vez en algún momento del camino el dolor nos hizo dudar, pero a pesar de lo que sentimos que Dios sabe todo y que nos ama, no deja de ser verdad. Siempre ha valido la pena poner nuestra confianza en Dios en este día también. Aun cuando él ha dicho no en mi vida, sé que él me ama, se queda a mi lado. Él es mi refugio. Él ordena las cosas de tal manera y a su tiempo que surge una gran bendición en medio de la dificultad.
¿De otra forma, cómo experimentaríamos la maravilla de los cánticos de victoria si no fuera en medio de las dificultades? Todos queremos el milagro. Nadie quiere estar en la posición para experimentar el milagro y no es con nuestras fuerzas. Necesitamos su poder, su verdadera paz y esperanza. Romanos capítulo cinco. Y esta esperanza no acabará en desilusión, pues sabemos con cuánta ternura nos ama Dios, porque nos ha dado el Espíritu Santo para llenar nuestro corazón con su amor. Que así sea. En su nombre.
Amén.