Muy buenos días, soy Fabi. Amo la naturaleza. La primera página de Génesis, el primer salmo, la primera página del nuevo Testamento, la última de Apocalipsis, en todas está la palabra árbol. La caída, el diluvio, cada acontecimiento importante de la Biblia tiene un árbol, una rama, una semilla, un fruto que marca ese lugar. Pero no, no vamos a hablar hoy de botánica, pero sí recordé una historia que leí hace tiempo sobre el hombre que plantaba árboles, así se llama, y fue escrita alrededor del 1953. Es un cuento precioso que en pocas palabras cuenta la historia de un pastor de ovejas que decide consagrar su existencia a plantar semillas para repoblar de árboles la región donde habita, una tierra sin agua, prácticamente sin vegetación, desolada. En esa época, la acción cotidiana, humilde, generosa y sobre todo constante, transforma con el tiempo un desierto en un bosque inmenso. ¿Estás oyendo en tu espíritu y en tu corazón la bendición que se avecina?

Es imposible plantar una semilla y cuidarla sin la esperanza de que veremos crecimiento y fruto. Somos como el hombre que plantaba árboles [sos/eos] nuestras semillas pueden hacer que el paisaje desértico de este día se convierta en un pulmón de aire del cielo, de un gozo de gratitud, renovados, donde se pueda respirar. Claro, depende de la constancia que tengamos y de la semilla que elijamos plantar. Hay un árbol en Mateo capítulo un y no es verde ni natural, es genealógico y está lleno de ramas.

Algunas tienen nombres que nos recuerdan un pasado difícil, algunos nombres de allí tienen historias cansadas, sin grandes éxitos, otros linaje y victorias, casi como nuestros días, como nuestra vida. ¿Está oyendo tu corazón la esperanza de la bendición que se avecina? Porque el árbol genealógico del señor Jesús Ÿousand tiene sobre todas las cosas semillas de un amor más allá de la razón, un amor que restaura ramas quebradas y hace que vuelvan a crecer brotes donde se pensó que no habría esperanza nunca más. Es más, nosotros hemos sido unidos, injertados en Cristo, dice Pablo en Romanos capítulo seis, plantados juntamente con él. Y donde sólo se ve desierto Ÿousand en nosotros él dice búsquenme, porque siempre estoy sembrando vida nueva, pequeños destellos de la gloria de Dios brotando, desplegándose, dando fruto. Así es nuestro Dios y Padre, así es el labrador y nosotros somos hijos. Y sería tan hermoso en este día imitarlo hoy y salir y ser plantadores de semillas de su amor, de su gozo, de su fe en este día. Que así sea. En el nombre del Señor Jesucristo.