Muy buenos días, soy Fabi. El miedo quiere hacernos creer que lo sabe todo. La fe en Dios sabe que siempre hay otra manera. El miedo se aferra, la fe suelta. Ahí está la profunda diferencia. Sin fe, dice Hebreos capítulo 11, es imposible agradar a Dios. Desde el principio en el Edén, el enemigo de nuestro corazón está queriendo enredarnos en un sistema de autosuficiencia y control y alejarnos de la fe en Dios. Si lo pensamos detenidamente, no es una discusión sobre la existencia y presencia de Dios lo que se plantea allí en Génesis capítulo tres. Eso ni siquiera puede ponerlo en discusión el enemigo. Él sabe que la estrategia es envolvernos en el miedo y como consecuencia, en esta necesidad de control que tenemos. ¿En una muy reducida conclusión, yo lo pongo en una pregunta en esta mañana confiaremos en lo que Dios dijo o tomaremos el asunto en nuestras propias manos? La comunión con Dios es todo lo contrario a pretender ser Dios.

Cuando tenemos verdadera intimidad con el Señor, podemos reflejar, experimentar quién es realmente y quiénes somos nosotros. El Señor es nuestro pastor, nada nos faltará. Es nuestro pastor y nada nos falta porque él es todo. Nosotros somos quienes tenemos necesidad. ¿Podés ver la diferencia? A veces consideramos que hay claridad en nuestro camino porque hay provisión de lo que pedimos. Es decir, medimos la fe por lo que tenemos en nuestra mano. Sin embargo, Dios, por lo que nos muestra en su Palabra y la historia de una relación de amor con cada uno de nosotros, nos invita hoy a descubrir nuestro caminar con él, que recordemos que le pertenecemos, que permanezcamos hoy en nuestra identidad como hijos de Dios. ¿Quién te dijo?

Es la pregunta de Génesis. ¿Quién te dijo que tu destino es la amargura por lo que no fue? ¿Quién te dijo que la vergüenza es tu compañía el resto de tu vida? ¿Quién te dijo Ÿousand, que el corazón que fue quebrado jamás podrá ser restaurado? ¿Quién te dijo que podés controlarlo todo y así sentir seguridad? Cuando miente, actúa de acuerdo a su naturaleza porque es mentiroso y el padre de mentira, dice Juan capítulo ocho, describiendo al diablo, al enemigo. En esta mañana, abramos nuestra mente y corazón y volvamos al jardín.

Le pertenecemos a Dios, tenemos un padre amoroso. No importa cuán lejos vayamos y áspero se sienta el camino hoy, Dios siempre está con nosotros cada minuto de este día. Confiable, tierno, verdadero. Así es él. Gracias padre, por tu amor inigualable. En el nombre del Señor Jesucristo.