Muy buenos días. Soy Fabi. ¿Has caminado por la orilla del mar en alguna playa? Siempre me gusta ver ese borde donde las olas se rompen. El borde es un límite, pero también, según la Real Academia, significa muy cerca de, como los dos lados de una misma cosa. En el siglo 15, el explorador Bartolomé Díaz estaba buscando con su barco de velas una ruta hacia África en medio de aquel vasto mar. Creyó llegar al extremo sur de África con su barco inundado en medio de un gran naufragio 1 gran tormenta que no terminaba, por lo que llamó a aquel lugar el Cabo de las Tormentas. No, no había encontrado un puerto de paz. Él lo llamó acertadamente el Lugar de las Tormentas. Sin embargo, al regresar a Portugal y dar el informe al rey, el rey duda sobre el nombre que Díaz le había dado a ese lugar encontrado. ¿Por qué nombrarlo? ¿Pensó el rey, por el obstáculo que es en lugar de por el milagro el descubrimiento que podría llegar a ser?

¿Después de todo, cuánto duraría esa tormenta? Podía ser el Cabo de las tormentas, pero también podía ser el cabo de la buena esperanza, como se lo conoce hasta hoy. El borde de un año que tal vez nuestro corazón siente de tormentas puede ser renombrado por la confianza en lo que aún Dios puede hacer. Cada tormenta puede terminar, ÿ pero nuestra esperanza en Dios nunca se acaba, porque nuestra esperanza cabalga sobre las olas, porque nuestra esperanza siempre abre un camino.

Porque él es el camino. Por eso nuestro refugio eterno. Permanezcan hoy en mí. No estoy negando las tormentas. Sé que son reales y las conozco. Pero nuestra gran esperanza es aún más real. Nuestra alma está rodeada, cubierta de una buena y gran esperanza que, como dice Pablo en Romanos, no terminará en desilusión. Y puede ser que ese límite que habla de cansancio por la fe sea la primer nota de una nueva canción de confianza y esperanza en Dios. Y puede ser que cuando no sepamos cómo seguir o qué camino tomar, sea el inicio de un viaje donde veremos la mano de Dios extendida a nuestro favor como nunca antes.

¿Por qué estás triste, alma mía? No hay razón para que te sientas inquieta. No hay razón para que te preocupes otra vez Dios pondrá una sonrisa en mi rostro. Pondré mi esperanza en mi Señor y Salvador, y solo a él lo alabaré. Salmo 42, paráfrasis el mensaje que así sea. En su nombre,