Muy buenos días, soy Fabi. Leí el relato de una mujer que perdió la visión de grande. Una enfermedad la dejó ciega alrededor de los 20 años. Ella cuenta la primera lección que un instructor le dio sobre cómo aprender a caminar en la oscuridad. Puso el bastón en mis manos y me enseñó cómo golpearlo y cómo anticipar los lugares difíciles que encontraría. ¿Y luego el instructor se detuvo y me preguntó lo hueles? ¿Estás sintiendo el aroma del tilo cerca de tu casa? Me detuve, respiré el aroma y supe que mi casa estaba justo ahí. Cuando huelas las flores del tilo, sabrás que estás en casa.
Estoy aquí pensando en esta mañana que nosotros caminamos por fe, no por vista, dice Pablo en dos Corintios cinco. Este viernes hacemos una pausa y respiramos el entorno. La presencia de Dios nos acompañ su corazón, sus brazos, ese lugar donde el amor y la paz inagotable fluyen para nosotros. Ahí es. Ahí está nuestro hogar. Me pregunto si aquel hijo pródigo, perdido, cansado, iba llegando a casa arrepentido, llegando a los brazos abiertos del Padre y comenzó a sentir esos aromas que le recordaban un lugar de gozo, un lugar de seguridad y provisión. La presencia de Dios y su esperanza entra de puntillas en la habitación de un hospital, de una clínica, susurrando una paz más allá de lo que podemos comprender.
El amor de Dios entra en los rincones de nuestros miedos más profundos, reemplazándolos por el brillo de su esperanza. No se turbe tu corazón, dice el Señor Jesús. Detenete y respirá. ¿Qué aroma está llegando a tu corazón? ¿Es la confirmación de que los brazos del Señor te rodean? ¿O son aromas del sistema de este mundo perdido en ansiedades, egoísmos, peleas? ¿Quieres saber con certeza qué perfume se respira en los brazos de Dios? Amor, benignidad, fe, templanza, gozo, paz y más. Un buen perfume alegra el corazón, dice Proverbios capítulo 27. Una evaluación rápida de lo que nos rodea nos puede indicar si estamos camino a casa o si seguimos buscando el amor en 1000 lugares imposibles. ¿Una pausa, una a qué huele tu entorno?
La buena respuesta, la más sana y vivificadora Sé que estoy cerca, muy cerquita de los brazos protectores de Dios. Me siento seguro y en paz. Estoy en casa, mi corazón cerca del suyo. ¿En Juan capítulo un el le preguntaron a Jesú Dónde vives? Él respondió Vengan y vean. Y ellos se quedaron con él el resto del día. Que así sea. En su nombre, amén. Bendecido fin de semana para todos.