Muy buenos días, soy Fabi. Quizá hay cosas que pensamos que se arreglarían. Ayer es hoy y todavía todo sigue igual. A veces seguimos los pasos un 2,3 para solucionar algo, para encontrarnos con que hoy no es el día tampoco. Estoy segura que no necesitas que te diga que a veces las cosas no salen como lo planeamos, como un paquete que encargamos y que recibimos en la puerta de casa y nos encontramos con que no es ni el color ni el talle que esperábamos. Hay cosas mucho más grandes e importantes en nuestra vida que hay días que no se presentan bien. Muchos días no entiendo los ritmos de cómo y por qué suceden las cosas, pero estoy agradecida que Dios siempre sí, porque él es mucho más grande, sabio y poderoso de lo que podemos comprender.

En el libro de Esther en la Biblia, leemos sobre un hombre de corazón noble y alineado con Dios. Él había hecho bien al rey, al pueblo de Dios, pero ni siquiera había recibido un gracias, ni siquiera una mención en redes sociales. No hay reconocimiento. Pero aún así él sigue haciendo lo que tiene que hacer, sin amargura, sin abandono, sin resentimiento, día tras día, aun cuando los enemigos implacables, como un tal llamado Amán, se levantan contra él para querer matarlo. Entonces, cuatro capítulos más adelante en la historia, dice que una noche el rey no puede dormir y se pone a leer los libros de hazañas del reino como para combatir el insomnio, y lee sobre la historia de valentía de Mardoqueo. ¿Y entonces el rey pregunta qué hicimos para agradecerle a este hombre? ¿Cómo honramos la fidelidad de Mardoqueo?

Justo cuando Mardoqueo necesitaba salvar su vida de sus enemigos, Dios sabía cuándo era el justo a tiempo en su vida. ¿Qué te gustaría acelerar hoy en medio de tus días? Dios ya está viendo cuatro capítulos más adelante. Él sabe lo que es mejor. Confía en el Señor con todo tu corazón. No te apoyes en tu propia manera de entender las cosas, dice Proverbios capítulo tres. Dios está a nuestro lado, lucha por nosotros. A veces sentimos que él pone nuestra vida como en cámara lenta, pero siempre hay propósito. El gran narrador conoce los cuatro capítulos más adelante. Confiemos en él. Él sabe dónde, cuándo deben suceder las cosas para nuestro bien, mucho mejor que nosotros.

Hay tesoros de su amor por vos que te serán útiles en los tiempos que vienen. No dejemos ir sus promesas, porque la fidelidad de Dios es para siempre. Que así sea. En su nombre.