Muy buenos días, soy Fabi. ¿Te pasó alguna vez querer confiar en Dios, pero a la vez se mezcla con todo lo que nuestras fuerzas pueden controlar, con todo lo que podemos hacer? A mí sí. Por eso y por si acaso, te voy a contar una historia. En un lejano país, habían dos hermanos. Voy a necesitar aceite este año, pensó uno de ellos. Entonces plantó un olivo. Mi árbol necesita lluvia para sus raíces. Así que pidió a Señor envía lluvia. Y el Señor respondió con mi árbol necesita sol. Envíame sol, señor.

Y el sol brilló. Ahora, por favor, envía una buena temporada de frío para que se fortalezca. Y el arbolito recibió la escarcha, pero al atardecer secó. Entonces este hombre va al campo vecino de su hermano y le cuenta la extraña experiencia. Su hermano le yo también planté un arbolito y mirá, está creciendo muy bien. Pero cada día encomiendo mi árbol a Dios. No le pongo condiciones, no le indico maneras, ni a través de qué medios. Yo simplemente oro Señor, vos sabés mejor que yo lo que mi árbol necesita.

Yo sol, frío. Vos lo creaste, vos sabés. Tal vez esta semana te pase como a muchos de nosotros. Estamos cansados de dar indicaciones, de pretender saber qué necesitan los demás. Y la conclusión es que es imposible tener paz, que es imposible ser fructífero. Aún así, este viernes, en este emocionante viaje con Dios él está dispuesto a tomar un corazón como el del primer hombre y convertirlo en un corazón que descansa como el del segundo hermano. Dios es nuestro aliento, alegría y fuerza completa.

Todos podemos aprender a soltar el control y las indicaciones que damos para que este universo siga girando este fin de semana. ¿Dicho así suena bastante necio, no? Sin embargo, muchos de nuestros días se sienten secos. Pero la primera causa es confiar en nuestra propia manera de ver las cosas. Nosotros confiamos en nosotros mismos más que en Dios, que todo lo sabe y que todo lo ve. Filipenses cuatro así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender.

La paz de Dios cuando cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús. Como con un ejército de ángeles, de una forma más allá de lo que podemos comprender, Dios rodea hoy, cuida, protege nuestra mente y corazón. Que este fin de semana podamos orar. Señor, gracias por conocerme y amarme y protegerme como yo nunca jamás podría. Señor, gracias por despertarme y darme tus fuerzas. Que este fin de semana su obra profunda y restauradora te sorprenda y bendiga.

Que así sea. En su nombre. Amén. Bendecido fin de semana para todos.