Muy buenos días, soy Fabi. ¿Alguna vez imaginaste lo que siente una cachipoya? ¿Cómo podría poder contestar? Ni siquiera sé que es una cachipoya. Es una especie de libélula, pero su característica principal es que vive sólo 24 h. Ahora sí, doña Cachipolla tiene solo las 24 h por delante para volar, alimentarse, conocer. No puede postergar la vida. Este es el día que hizo el Señor. Nos gozaremos y alegraremos en él, dice el salmo 118.
Este es el día en el que Dios actúa. Celebremos, dice otra versión. ¿Y si abrimos la ventana y levantamos la mirada y tenemos un encuentro de adoración y gratitud a Dios ahora mismo? Medité esta mañana que cuando Dios dice en su palabra que donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos, no hace falta un lugar especial. Y en particular, lo que hace falta es que hoy entre dos, por ejemplo, una pareja, un matrimonio, una madre con sus hijos, el nombre del Señor sea sobre todo otro nombre o circunstancia. Y la promesa es que ahí mismo Dios está. Dios. Dios actúa, Dios cambia y nosotros celebramos su obrar y su presencia. Somos parte de algo muchísimo más grande que nosotros mismos. Dios no quiere que perdamos este día pensando qué hubiera pasado si.
O cuando pase en el futuro esto o aquello. Dios creó este día. Este es el día que el Señor ha hecho conversar, escuchar, trabajar, animar. Es un día en que el Señor está actuando. El reino de Dios sigue avanzando y quiere hacerlo a través de las cosas cotidianas y sencillas que hacemos hoy. Presentes con lo que Dios está haciendo. Un hermoso y valiente paso a la vez. Este es el día para echar las redes otra vez. Este es el día para no tener miedo. Este es el día para hacer brillar su luz en nosotros.
El tiempo presente es el punto en el que el tiempo toca la eternidad. Por esto es tan importante el hoy, porque impacta directamente en nuestro futuro. ¿Qué viste de los regalos de Dios esta mañana? ¿Gloriosos, grises o púrpuras, apagados, arremolinados por todo el cielo que el gran artista pintó para cada uno de nosotros? ¿O estamos con el ceño fruncido, preocupados por cómo será el mañana? ¿Estamos obsesionados con lo que podría ser hoy?
Podemos concentrarnos en la gracia y la provisión de bendiciones que Dios dejó para que abramos hoy, un día a la vez. Recordemos a la cachipoya tarea de reconocer y agradecer a Dios que así sea. En su nombre.