Muy buenos días, soy Fabi. Nuestras vidas se mueven rápido, desde el amanecer al anochecer. ¿Todo tiene que ser perfecto? ¿Estarán contentos todos? ¿Tendré éxito? ¿Falta más, mucho más? Otra vez fallaste. ¿Pensás que estas son preguntas, palabras que Dios susurra a nuestro corazón hoy? En Marcos Capítulo un dice que cierto día Jesús caminaba por la orilla del mar de Galilea y entonces vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban la red al agua porque vivían de la pesca. Jesús le síganme e inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Las redes del corazón a veces se pueden sentir cansadas, vacías. Lo intentamos todos los días desde el amanecer al anochecer. No hay margen en nosotros para soltar, para la paz de Dios.
Nos sentimos llenos de ruidos, obligaciones, de desorden. Hay miércoles que necesitamos un margen, una orilla en la página de nuestra vida vivida con apuros y preocupaciones del amanecer al anochecer. El margen es la orilla, ese espacio en la hoja que dejamos en blanco y que ordena aún antes de escribir o después que se ha escrito todo. Dejá el espacio del margen libre, nos decía la maestra cuando nos enseñaba a escribir y ordenar una hoja.
Jesús caminaba ese día en el margen, en la orilla, dice el relato. ¿Cuando estamos demasiado llenos de hacer siempre lo mismo, de sentir y pensar de la misma manera, qué margen le dejamos a lo nuevo y milagroso de Dios, de lo que él puede y quiere hacer en nuestra vida? He echado 1000 veces mi red al mar, mi red de preocupaciones, de comodidad. El Señor camina por el margen en este día y nos invita a dejar las redes porque él tiene una vida diferente para nosotros que seguir remendando redes que no podemos porque después de un tiempo, lo sabemos, vuelven a romperse.
Su invitación es a empezar de nuevo y es necesario dejar de llenar la hoja de nuestro día con lo viejo, porque no hay margen para la paz, para el asombro de Dios. Dejemos margen para que Dios se mueva en este día y entonces soltemos la seguridad de lo conocido para experimentar el asombro un día, una vida de paz, de restauración, de propósito de Dios incomparables. Que así sea. En el nombre del Señor Jesucristo.