Muy buenos días. Soy Fabi. Recuerdo que ese día abrí la alacena. La taza era la más grande, la más pesada y estaba mal puesta. Así que cayó de lo alto y rebotó en la esquina del reloj pulsera que había dejado en la mesada. Qué puntería, pensé. Tenía que tocar el reloj y se había trizado. Y fue una milésima de segundo. Pero el peso de la taza era demasiado para el reloj. Roturas en cadena, podría llamarse este audio. Ahí está la cuestión. Cuando algo es demasiado pesado, hace mella en nuestra vida. Incluso hasta las cosas o momentos que definimos como exitosos, llenos de logros, pueden ser demasiado pesados de llevar.

Como aquella reina que encontraba demasiado pesada su corona y mandó diseñar una más liviana. Hay pesos que vienen con una semana que tal vez tuvo días de pérdidas, de trabajos pesados, de mentes llenas de ideas, pero también de pasado y preocupaciones. Caen sobre nosotros y terminan quebrando a veces nuestro cuerpo, nuestro físico y también el corazón. Ha sido una semana de mucha carga. Ánimo, querido corazón, porque hay promesa aliento de Dios para nosotros en el Salmo 81. Ahora dice el Señor quitaré la carga de tus hombros.

Liberaré tus manos de las tareas pesadas. Cuando estabas en apuros, yo te salvé. El Señor nos hace libres de toda carga que nos ha encorvado el gozo, la paz, su esperanza. Él es quien sana nuestras roturas, nuestras heridas. Él se está abriendo camino entre los pedazos que pueden haber quedado para restaurar y hacer algo nuevo en nuestras vidas hoy. ¿Has pensado que ya es imposible? Dios siempre toma lo imposible y lo carga sobre sus hombros y lo transforma por su gracia y poder en una resurrección para su gloria. El Señor puede llevar nuestras cargas y él es el único que puede darnos verdadera libertad. Vayamos a él hoy. Él libera nuestras manos para que tomemos la suya el resto del camino. Que así sea. En el nombre del Señor Jesucristo. Amén. Bendecido fin de semana para todos.