Muy buenos días. Soy Fabi. ¿Escuchaste alguna vez hablar del locus de control externo? No. No voy a decir que estamos locos en esta mañana. La palabra locus proviene del latín y significa lugar. El locus de control externo es la creencia que las fuerzas externas controlan los resultados en la vida de una persona más que sus propias decisiones. Por ejemplo, la creencia puede tengo mala suerte, no puedo hacer nada o todos los demás son malos, por eso las cosas están así en mi vida. El problema es que suele estar relacionado con tasas de alta ansiedad y depresión porque nos hace sentir incapaces de hacer algún cambio verdadero en nuestras vidas. Sin embargo, en esta mañana, escuchemos lo que el apóstol Pablo dice en Romanos capítulo ocho antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Cristo que nos amó. Qué contraposición tan grande. Una es la victimización he tenido mala suerte en esta vida, no hay nada para hacer otra la posición y verdad de Dios es que cuando nuestra alma y nuestro corazón están en sus manos, cuando abrimos las puertas de nuestra vida para que su verdad sanadora y liberadora dirija nuestras decisiones, los cambios comienzan a suceder en nuestro interior. A pesar de todo, la victoria es absoluta, dice otra versión de Romanos capítulo ocho.
¿Cómo podemos comenzar la conquista de nuestras emociones hoy? Por ejemplo, usando las herramientas del reino que Dios nos ha su palabra, su paz, la fe, su gracia. Solo algunas de tanto equipamiento de bendición que él nos ha dejado a nuestra disposición. Cada vez que paso tiempo con el Señor y escucho su voz diciéndome quién soy verdaderamente en él, la prisión de las heridas y del desaliento tienen que abrir sus puertas necesariamente.
Dios está con nosotros. Él se hace fuerte en nuestra debilidad. Todo proceso de victoria comienza reconociendo lo que no podemos cargar y llevándolo de vuelta al Señor Jesús. Amado Dios, no hay mejor lugar de control que en tus brazos. Ahí descansamos en profunda confianza en esta mañana, porque allí es donde somos revividos por tu aliento y paz. Que así sea. En el nombre del Señor Jesucristo. Amén.