Muy buenos días, soy Fabi. Escuché la historia de un aprendiz de música que llegó a un maestro muy prestigioso. Le quiero que me enseñes a ser un buen músico, quiero conocer los secretos de tu excelencia. Bueno, le dijo el maestro, pero tengo una condición por los próximos seis meses no me preguntes, no hables. El alumno obediente y compasión por la música, así lo hizo. A los seis meses el maestro le bueno, ahora preguntame, ahora hablá vos.

Y el alumno comenzó a hablar y a transmitir las palabras, los aprendizajes, los ritmos, todo lo que había escuchado del maestro. Hay días en que llegamos al Señor como con una pizarra en blanco, con una mente, un corazón abiertos para estar atentos a su voz, a las 1000 maneras en las que Dios nos hablará, enseñará y nos guía en este día. Señor, no sé cómo, pero vos sí, recibo tu dirección amorosa hoy. Pero otros venimos con todo escrito, llenos de nosotros mismos, solo queremos que Dios sea la caja de resonancia de lo que nos pasa.

Llenos de nuestra propia opinión sobre este mundo, Dios, los demás, lo que nos sucede. No hay espacio para nada más que nosotros mismos. Días de pizarra en blanco o días de puerta cerrada a lo que Dios quiera darnos un corazón conforme a Dios, no es el que más logros tiene, no es el que resalta siempre, sino aquel que humildemente está abierto a recibir la sabiduría que viene del cielo, su bendición. ¿En Juan capítulo cinco, Jesús le pregunta al Querés ser sanado? ¿Querés recibir la sanidad?

¿Nosotros afrontamos de alguna manera la misma pregunta querés recibir? Nos dice el Señor. Queremos ser sanados. Dios escribe nuevas historias en espacios en blanco, no escribe sobre nuestras propias maneras, y como dice Isaías capítulo 55, sus pensamientos y sus caminos son infinitamente más altos y grandes que los nuestros. Necesitamos inspiración. Pensemos en el Señor Jesucristo, nuestro ejemplo. Él se despojó, renunció a sus privilegios divinos, adoptó por amor a nosotros una humilde posición de siervo y nació como ser humano y murió en una cruz, dice Filipenses capítulo dos.

Él nos enseña lo que es la humildad, una pizarra en blanco para que la historia de amor, esperanza y redención de Dios se escribe en nuestro corazón, en nuestras vidas. ¿Qué hay del otro lado de venir a Dios con una pizarra en blanco? Una nueva vida llena de su presencia. Que así sea. En su nombre. Amén.