Muy buenos días, soy Fabi. ¿Alguna vez lo duro o difícil del camino de un día te hizo sentir esto debe estar o ser algo equivocado? He sentido eso. Pero no porque algo se sienta especialmente pesado o duro hoy significa que has perdido el sentido y el propósito. Pienso en el Señor Jesús esos días previos a la resurrección, a la victoria. Cuántas cosas incomprensiblemente difíciles para nosotros pasó por su cuerpo, por su corazón, por el propósito. Cuando pienso en ese momento, herido con palabras, su cuerpo roto, esos pasos por la vía dolorosa delante de todos, como relatan los evangelios hebreos, capítulo 12 el Señor, por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, no le importó la vergüenza y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. El que tiene un porqué siempre encuentra el cómo, dice una conocida.
El porqué del Señor Jesús fue, es y será su amor por vos y por mí. Su corazón estaba latiendo en cada paso por gracia hacia cada uno de nosotros. Mantengamos nuestro corazón latiendo en el viaje de esta vida, porque si hay un porqué, la batalla que tenemos por delante está ganada. Aquel que nos ama más allá de lo que podemos comprender sabía que hay dos cosas que todo peregrino en esta vida necesita compañía y testimonio. Alguien que nos no estarás solo y alguien que nos saldrás de esto. Y lo que no sabemos cómo enfrentar de nuestra batalla de hoy, Jesús murió por eso. Y donde no sabemos cómo seguir, Jesús ya lo pasó por nosotros.
Jesucristo murió y resucitó para que nunca olvidemos que ninguna oscuridad es infinita, que las cargas y el quebranto tienen límites y que él jamás nos deja solos y que del otro lado siempre está su gozo. El Señor lo sabía. Un paso más a pesar de la cruz, una respiración más y consumado es el sonido de su nombre sobre todo nombre que salva, restaura, que trae esperanza interminable, paz única a nuestra alma. Hoy nunca estamos demasiado lejos para que el amor venga a encontrarnos.
Así es. En el nombre del Señor Jesucristo.