Muy buenos días, soy Fabi. Ven y descubre el amor por el que no tienes que luchar. Escribió Ellen Gardner. Un nuevo día comienza y muchas cosas en nuestra vida empiezan de nuevo. Los cambios son inevitables. De un lunes a un martes nos fuimos a dormir y solo a nivel biológico. Hubo renovación celular, reparación de tejidos, procesos metabólicos, millones de reacciones que ni siquiera nos dimos cuenta. Pero no somos la misma persona que fuimos ayer. ¿Hay alguna verdad inamovible en tu vida más allá de los cambios que estás experimentando? Hay una verdad que nos ayuda a continuar a pesar de vivir en temporadas de cambios constantes aquí adentro y también afuera.

Y es que somos amados por el corazón de Dios cuando enfrentamos cambios, pero no solo los biológicos, sino los más importantes y profundos que son los de nuestro corazón. Cuando el cambio que encontramos no es lo que esperábamos, tenemos la gran oportunidad de tomarnos de la amorosa y sabia mano de Dios. Sí, ahora mismo. Los discípulos del Señor Jesús recibieron una invitación de él un día junto sus barcas Ven y sígueme.

Pero después de esta semana santa, estuve pensando que ellos recibieron 1 s Ven y sígueme. Y fue después de la resurrección, después de que las cosas habían cambiado, después de atravesar con el corazón y la fe el valle de la pérdida, del miedo, de sus propios fracasos. Era una invitación más allá de lo que ellos podían ver, a una nueva identidad, a una historia que no era perfecta, pero en la que eran perfectamente amados por Dios. Y Dios nos llama otra vez, habiendo atravesado nuestra propia historia de valles, y nos llama a vivir por fe, sabiendo y sintiéndonos sus amados.

¿Todas esas decisiones y pasos pequeños que daremos en este día a los que podemos esto que pienso, esto que estoy haciendo, hacia lo que me encamino, me hace vivir como el amado del corazón del Padre que soy? ¿Afirma mi verdadera identidad en Cristo o me hace dudar y me aleja de ella? Estamos autorizados por el Padre para creer y vivir como los amados de su corazón. El miedo, que es lo opuesto al amor, se queda en la puerta donde dejamos lo que fuimos ayer para tomar lo que estamos destinados a ser por el amor de Dios en nosotros. Yo te he amado con un amor eterno, con amor inagotable te acerqué a mí.

Volverás a ser feliz. Jeremías 31 que así sea. En el nombre del Señor Jesucristo.