Muy buenos días, soy Fabi. El momento para calmarte es cuando sentís que no tenés tiempo para calmarte. Me sacó una sonrisa cuando leí esta frase, porque parece contradictoria, pero es absolutamente real. En Éxodo capítulo 14 leemos que el pueblo de Dios había salido con la mano poderosa, victoriosa de Dios de la esclavitud de Egipto. Ahora, en medio del estrés de lo que dejaban atrás y lo desconocido por delante, leemos que el Señor le da algunas indicaciones a Moisés para el pueblo allí diles al pueblo que regresen, que den la vuelta y acampen entre el desierto y el mar.
Entonces el faraón pensará están confundidos, quedaron atrapados en el desierto, pero entonces los egipcios sabrán que yo soy el Señor. Y esta indicación a mí me pareció un poco extrañ Regresen y acampen. Y entonces el pueblo comienza a escuchar a lo lejos el sonido inconfundible para ellos de las ruedas de los carros egipcios persiguiéndolos. ¿Imagino esas oraciones desesperadas que se escapan de sus labios dónde podremos escondernos?
¿Qué futuro nos espera? ¿Por qué Dios? ¿Por qué nos has hecho esto? Y en ese momento Moisés no, acá no pasa nada. En cambio, según el relato, calma el corazón del pueblo como una mamá o un papá a su hijito lleno de miedos. Mantengan la calma, no tengan miedo, quédense quietos y vean como el Señor los rescata hoy. Tal vez la preocupación, el estrés se apodera de nosotros en algún momento de este día. Pero en lugar de que el primer intento sea la reacción, el quehacer rápidamente, la invitación del Señor es a reducir la velocidad, calma, mirar alrededor, no negar los sonidos de los carros enemigos, pero sí calmar nuestro ansioso corazón con el Señor pelea por ustedes. Porque hay batallas que Dios luchará por nosotros hoy. La mayoría de nosotros sabe cómo sigue esta historia. Después de calmar los pasos y los latidos del corazón, Dios da la indicación al ahora avancen. Vamos por el pequeño o gran paso siguiente que el Señor sigue abriendo caminos.
Resumamos esta indicación del cielo primero calma, detenete. No sigas con la impulsiva carrera de la preocupación y el estrés. Recordemos que es tiempo de respirar y levantar la mirada. El Señor está con nosotros, el Señor peleará esta batalla. Y ahora sí, un siguiente paso de fe, siempre siguiendo al que abre mares y caminos. Gracias señor, porque ninguna circunstancia está más allá de tu poder y sabiduría. Así es. En el nombre del Señor Jesucristo.