Muy buenos días, soy Fabi. ¿Viste qué luna increíble y maravillosa? Este mensaje llegó a mi celular esa noche y salí afuera y me quedé parada mirando hacia el este, creo, mientras una de mis hijas enviaba fotos fantásticas, maravillosas, de una luna inmensa de un color entre amarillo profundo y naranja en medio de la noche. Y caminé ansiosamente tratando de acercarme a la luna. Sí, ya sé que suena loco, pero solo quería captar ese momento. Pero aún así esperé, observé y finalmente me di la vuelta para volver adentro porque no pude ver nada de eso maravilloso que esperaba.

¿Será una cuestión de ángulo, de ubicación? ¿Pensé por qué bajo el mismo cielo dos personas pueden tener experiencias tan diferentes de lo mismo? Y llévalo esto a una conversación, a tu hogar, a la familia, a un dolor como aquella noche. Al tomar una imagen de aquel cielo, alguien puede pensar qué frustración, acá no hay nada. O qué maravilla, esto es hermoso. Esto me sorprende, porque ambas miradas tenían algo que decir, pero ninguna de las dos contaba la historia completa. Porque la historia completa no es lo que cada uno puede ver en un momento desde su perspectiva. Lo esperanzador es que Dios está presente en ambas imágenes borrosas, sosteniéndonos aún en lo que no elegiríamos.

Porque Dios es el dueño del cielo, de la tierra y de nuestro corazón también. Por supuesto que prefiero el deleite de un cielo o de un día glorioso a uno que trae decepción. Pero hay una seguridad inamovible. Cualquiera sea el cielo o la situación que en este día estemos presenciando, mirando, Dios está con nosotros donde y como sea. El Salmo 74 Señor, tuyo es el día y también la noche. Tal vez tu espera lleva mucho tiempo, pero no te has quedado atrás, no has sido olvidada, no has sido abandonado. Sabemos que la promesa de su palabra es que con la mañana viene la alegría. Pero lo más tranquilizador para nuestro corazón es que él no nos abandona en las noches oscuras de nuestra alma.

Tal vez me pase solo a mí, pero un buen ejercicio para el alma es permanecer en silencio por unos momentos bajo el cielo. La conciencia de mi pequeñez y la inmensidad de Dios, su presencia constante. Porque el cielo es el cielo. Aquí en Argentina y en Dinamarca, por ejemplo, y no importa donde estemos, Dios es sobre todas las cosas. Estamos donde estamos por una razón y propósito. Él y solo él es la luz verdadera que alumbra a toda persona y a los cielos de la vida y a las noches y a los días.

Así que confiemos. El salmo 46 Dios está en medio de ella. No caerá al amanecer. Dios la ayudará. Así es. En su nombre. Amén.