Muy buenos días, soy Fabi. En el 2019, en algún pueblito de Francia, un día como cualquier otro, una anciana de 94 años invita a un amigo de la familia que por décadas no veía a su humilde cocina. Le sirve un té y allí con poca luz sucede algo inesperado. El invitado ve en la pared de la cocina colgada una pintura que por su conocimiento sabía que era muy valiosa. Hago corta una larga historia, la tazan y la pintura el Cristo burlado del siglo 13 del artista florentino Simawe resulta ser la octava pintura más cara del mundo, valuada en €24 millones.
Toda una vida con algo tan valioso en sus días y aquella anciana no lo sabía. Si lo hubiese sabido antes, qué diferente habría sido mi vida, decía la anciana. ¿Me aceptarán? ¿Seré suficiente? ¿Será demasiado tarde? ¿Tengo algo de valor en mí? Somos como aquella abuela, haciéndonos estas preguntas e ignorando mucho de los días de nuestra vida que el gran artista incomparable de todas las edades pintó con la habilidad de su sabiduría y amor, su imagen y semejanza en cada uno de nosotros. Eres muy precioso para mí y te amo, dice el Señor en Isaías 43.
Porque somos la obra maestra de Dios dice Efesios capítulo dos. Hay una gran diferencia entre la historia de aquella pintura de valor en la casa de la abuela y nuestra historia con Dios. Y es que no somos una sorpresa para Dios, porque él sabe porque nos creó, porque somos la niña de sus ojos, el motivo del afecto incomparable de su corazón. Y me pregunto en esta mañana si lo creemos realmente o vamos a ser como aquella mujer dejando pasar los años sin ser conscientes del valor que Dios ha puesto dentro de nosotros y el costo que nuestra vida tuvo allí en la cruz del calvario. Aquella pintura tenía que salir de la sombra de aquella vieja cocina para conocer el valor de su historia. Lo mismo nosotros.
Sí, sé que a veces permanecer en los cómodos lugares conocidos de siempre, de todos los días, nos da una falsa seguridad, pero la gracia de Dios es una invitación a entrar en la luz de la celebración de Dios y aparecer hoy para cumplir el propósito, participar de la bendición de ser personas con valor, creadas por Dios, con destino y ese destino es de bendición, de paz y esperanza para nuestra vida. Que así sea. En el Nombre del Señor Jesucristo.