Muy buenos días, soy Fabi. Orá por mí. Sigo buscando mi propósito. Esta frase quedó en mi corazón por varios motivos después del último jueves en el encuentro de mujeres que tuvimos allí en Arroyito, Córdoba. Entre paréntesis, cariños a todas las mujeres que estuvieron ahí. Ninguna de las más de 8000 millones de personas en este planeta está aquí por casualidad. No fuimos creados para encontrar nuestro propósito, fuimos creados porque lo tenemos.

Tal vez el problema de encontrarnos perdidos en el propósito, en el para qué estoy aquí, es que esperamos tener la capa de Superman o las tres vueltas de la mujer maravilla, lo que nos convierta en invencibles y extraordinarios, porque confundimos que propósito es lo que hacemos y propósito en realidad es quienes somos por lo que Dios ya ha puesto en nosotros. ¿Será por eso que estamos empecinados en hacer de nuestros días algo espectacular, cuando ya fuimos formidablemente creados? Según el Salmo 139 y formidable es asombrosamente magnífico.

¿Cuándo fue la última vez que te viste en el espejo y gracias Señor, porque hiciste de mí a alguien asombrosamente magnífico? Claro, esta experiencia de vivir nos ha dejado a todos algunos moretones y cicatrices, y muchas veces eso es lo que sentimos que somos. Sin embargo, más allá de lo que se rompió en este viaje de la vida, el propósito está intacto. Los planes cambian, pero el propósito de Dios para nuestra vida es permanente.

Somos como flechas afiladas en la aljaba de Dios, protegidos bajo la sombra de su mano, dice Isaías 49. Creer, esperar y ver. Cada vez que una persona en la Biblia experimentó este proceso, veo el propósito de Dios cumplido. Creer lo que Dios dice, su promesa es fiel. Esperar porque a veces el arquero está tensando el arco y se siente difícil. Todo se siente como ir hacia atrás en lugar de avanzar. Pero si confiamos en la mano hábil e inequívoca del gran arquero que es Dios, comprenderemos que este movimiento que sentimos hacia atrás es almacenamiento de energía para que pasado un breve tiempo, se libere ese poder que hace de nosotros personas que vivamos plenamente en lo que Dios nos creó para ser. Dios está aquí, estamos en su mano.

Siempre hay propósito. Y sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas cooperan para su bien, para bien de aquellos que lo aman y son llamados según su propósito. Romanos ocho que así sea. En su nombre,