Muy buenos días. Soy Fabi. Hoy meditamos en Juan capítulo 14. Les dejo un paz en la mente y el corazón, y la paz que yo les doy es un regalo que el mundo no puede dar. Así que no se angustien ni tengan miedo, dijo el Señor Jesús. El autor Brennan Manning, en su libro todo es gracia, da una sencilla instrucción él sigan hasta que estas palabras que acabamos de leer se conviertan en lo más cierto sobre ti. ¿Pensé en esta mañana por qué necesito hoy el regalo de la paz de Dios? Porque la vida y los días traen buenos resultados y fracasos, cosas que hacemos bien y otras que no tanto.

Nuestra alma, nuestro corazón y la productividad a veces no siguen las mismas reglas ni los mismos tiempos. La productividad, lo que logramos en este día, no es nuestra identidad, pero lo que habita y domina nuestro corazón, sí. Casi todos en este mundo queremos buenos resultados, pero es desgastante querer forzarlos y llevemos esta verdad a cualquier área de nuestra vida. Los días y nuestro corazón a veces necesitan un ritmo más lento y profundo de crecimiento. Y está bien, porque la paz en la mente y el corazón llegan cuando dejamos de buscar nuestra identidad en los resultados y en otro rostro que no sea la mirada de gracia y revelación que solo podemos encontrar en Dios.

Tal vez sentimos miedo. Tal vez nos sentimos turbados. ¿Entonces podemos preguntarnos a dónde están mirando nuestros ojos? Nuestra alma, como un satélite, siempre busca orbitar alrededor de algo más, y nos sentiremos más seguros o más confundidos. ¿De acuerdo, alrededor de qué está nuestro corazón en este día? El Salmo 84 dice pues el Señor Dios es nuestro sol y nuestro escudo. Él nos da gracia y gloria. De eso se trata alrededor de quién o de qué estamos alineados.

Nuestra fuente es Dios. Por esto a Dios le importa más a qué está conectado nuestro corazón que lo que mostramos como construcción. Cuando el Señor es nuestro sol y nuestro escudo, su luz resplandece en nuestra vida. Lo miramos a él y nuestro corazón es alumbrado con su paz. Somos definidos por la relación con él, definidos por la pertenencia a su corazón, definidos por la plenitud y abundancia de su vida en nosotros.

Que así sea. En su nombre.