Muy buenos días, soy Fabi. Aquellos discípulos del Señor sabían que estaban terminando una etapa. ¿Y por supuesto surgió la pregunta cuándo? Porque en su espera por lo que necesitaban ver, había muchas cosas todavía por hacer. ¿Es este el momento? ¿Ha llegado el tiempo? ¿Señor, cuándo? Es la pregunta de Hechos capítulo un. ¿Pero no es la pregunta también que todos nos hacemos? Está terminando otra semana y aún hay cosas por las que esperamos.
¿Entonces, señor, cuándo se cumplirán las promesas de Dios para mí? ¿Veré algo crecer en mi vida? ¿Cuando es mi momento? No saben el tiempo, le responde el Señor Jesús a los discípulos, porque es asunto del Padre. Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes. Y entonces vayan y hablen a la gente sobre mí. Y Jesús asciende al cielo y ellos se quedan allí mirando fijamente ese cielo. ¿Y sé lo que es estar bajo un firmamento inmenso, de día y también de noche, y preguntarme cuándo, señor? El tiempo es asunto del Padre. Pero te he dado una semilla, dice el Señor, así que da el próximo paso y cuidá las cosas que ya sabés. Es que a veces por esperar lo que viene, descuidamos u olvidamos lo que ya tenemos. Dios no nos pregunta cómo hacer que llueva, o cómo hacer que salga el sol, o cómo poner límites al mar. Simplemente estas cosas suceden por su poder, porque el Señor así lo quiere. Y eso es un milagro.
Y algunos dicen que la palabra milagro solo hay que reservarla para grandes cosas. Creo que fue Einstein que hay dos maneras de vivir la como si nada fuera un milagro o como si todo fuera uno. Y yo creo en esto último. ¿Y te imagino este viernes, algo cansado tal vez, mirando al cielo y preguntando Cuándo, señor? Dios no anda solo con gente de vida espectacular. Él pasa sus días aplaudiendo y cuidando a aquellos que se levantan otra vez.
A pesar de las preguntas, Dios canta sus canciones de libertad y amor alrededor de los que miran al cielo. Y está bien señor, este crecimiento, aunque sea lento. Dios se queda con los que le creen, en medio de los todavía no, a los que están arrepentidos y vuelven aunque sus manos estén vacías, porque él es el que todo lo llena en todo. Y cuando veamos un pequeño brote de fe o de cambio este fin de semana, guardemos ese momento en nuestro corazón y demos gracias porque ese brote cotidiano también es un milagro de su mano. Que así sea. En el Nombre del Señor Jesucristo.
Amén. Bendecido fin de semana para todos.