Muy buenos días. Soy Fabi. Hoy meditamos en el Salmo 112 no tendrás miedo a las malas noticias. Su corazón está firme, confiado en el Señor. Todos hemos sentido alguna vez los efectos del miedo, la preocupación. Por mi propia historia, he tenido etapas donde operé bajo la falsa suposición de que si estaba preocupada, entonces estaría siempre preparada para cuando las cosas malas pasaran. Sí, sé que suena loco para los que nunca se sintieron así, pero el enemigo de nuestros corazones tiene estrategias para ponernos lazo, atarnos al miedo.
Siempre me quedo y recuerdo con la frase favorita de una de mis mentoras y amiga Fabi no mantengas conversaciones largas con serpientes que hablan. Aprendé de nuestra tatarabuela Eva, me dice con humor. El miedo nunca fue concebido ni pensado como nuestro principal sistema operativo. Dios sabe que cuando nos controla, nuestros días pueden volverse miserables. Abrimos puertas por miedo y buscamos la aprobación humana a toda costa.
Por miedo e inseguridad interior. Se difunden rumores, chismes sobre otra persona, pensando que así se sentirá y se verá mejor y más poderoso. Ante otros tres indicios en esta mañana, tres cosas que le pasan en lo profundo a nuestro corazón cuando dejamos que el miedo se instale en nuestra vida por haber escuchado una voz que no es la del amor perfecto de Dios que echa fuera todo temor, sentimos que no podemos y nos resentimos por la impotencia. También empezamos a sentirnos no amado y nuestros sentimientos y pensamientos se vuelven a menudo muy inestables.
Cada aspecto de este patrón lo podemos ver en Génesis capítulo tres, allí donde el relato nos dice qué sintieron por primera vez Adán y Eva ante el miedo. Afortunadamente, Dios nos ha dado y equipado su Espíritu Santo, ayudándonos si le damos lugar en cada aspecto de nuestra vida, allí donde fuimos atacados. La palabra de Dios dice en Efesios capítulo tres oro para que de su gloriosa riqueza él les dé poder con fuerza interior por medio de su Espíritu Santo. Por su presencia en nosotros, el miedo no nos domina.
Somos amados. Somos sus hijos. Su perfecto amor echa fuera el temor antes que avance el día que nuestro corazón, que siempre busca donde afirmarse, encuentre fuerza y seguridad en Dios. El miedo puede ser normal, pero nosotros caminamos con un Dios sobrenatural. El Salmo 27 dice el Señor es mi luz y mi salvación. ¿Entonces, por qué habría de temer? El Señor es quien me protege. ¿De quién voy a tener miedo? Que así sea.
En su nombre.