Muy buenos días, soy Fabi. La esperanza es el gran estabilizador interno del alma. La esperanza en Dios, confiar en él en medio de las circunstancias de este día, no es tanto como una línea recta, sin obstáculos, sino más bien como un GPS para el corazón. El gris, el color de la esperanza, es el título del libro de una poeta rusa encarcelada injustamente en 1980. Y me llamó mucho la atención de este título porque para nosotros de este lado del mundo, la esperanza está asociada al color verde. Y sin dudas es así también por lo hermoso de ver florecer y crecer por aquello que esperamos. El gris está asociado a un tiempo de transición, como una preparación para lo que esperamos. A veces nuestros días pueden aparecer como con un cielo gris y también es esperanza levantar la mirada esperando que los cielos se abran y comiencen a verse esos primeros rayos de sol filtrarse entre ellos. ¿Cómo se ve el cielo hoy? ¿Ese de la esperanza, ese de tus pensamientos, de tu corazón? Es verdad que el gris que vemos puede ser una transición a lo más oscuro o hacia la luz de la esperanza de Dios que traspasa y estabiliza nuestra alma. En Jeremías capítulo 17, por ejemplo, encontramos la palabra esperanza y está unida, conectada a la idea de esperar la ayuda, la liberación de Dios allí Benditos los que confían en el Señor y han hecho que Dios sea su esperanza. Son como árboles plantados junto a un río y sus raíces se hunden en el agua. No los afecta ni le temen a los meses de sequía porque sus hojas están siempre verdes y no dejan de producir fruto. Y tal vez nuestra preocupación o ansiedad pinten la conclusión de nuestro día oscura. Por eso es que necesitamos conectarnos a la esperanza.

Cerremos en esta mañana los ojos por un momento e imaginemos que somos como aquel árbol verde con las raíces unidas de nuestra mente y corazón a la confianza de que Dios en este día nutre, alimenta la esperanza, que las nubes se irán abriendo y que Dios renueva hoy nuestras fuerzas. Que así sea. En su nombre.