Muy buenos días. Soy Fabi. Por aquí somos gente de montaña. El paisaje que ven mis ojos cada mañana impone un gracias, Señor a mi corazón. Pero amo el mar, la arena, la playa. Y recuerdo las horas en que en algún año de vacaciones cuando nuestros hijos eran niños Marce, mi esposo, construía castillos en la arena con ellos. Y siempre ocurría lo mismo. Al día siguiente, después de la noche, solo quedaban las ruinas. Sabían que esos castillos no durarían mucho. Pero el trabajo de construir era lo divertido. Ese tiempo juntos, la posibilidad del proceso era lo que traía alegría.
¿Por qué pensé en esto? Porque a veces el objetivo final de otra semana que pasa no es el 10 del examen, el aplauso por los éxitos, la foto perfecta del resultado perfecto. A veces todavía hay proceso. Y hay semanas en que lo que construimos no sabemos si será para siempre. Hay huellas que dejamos que no se pueden medir en cantidad o en dinero. Hay semanas en las que trabajamos mucho y no hay aplauso o el viento difícil del día siguiente lo derribó.
Si todo lo que construiste y soñaste aún sigue en pie, buenísimo. Gloria a Dios. Pero si nadie, excepto Dios, sabe acerca de lo que te costó construir esta semana quiero que recuerdes que hay un aplauso del cielo incomparable y que no se pierde ni un detalle. A veces no se trata tanto de qué construimos, sino con quién. Y ahí estuvo el punto de la anécdota del principio. Era con los chicos. Era con los que amamos. Eran nuestros hijos. Mateo, capítulo siete.
Si ustedes, siendo padres imperfectos, saben dar buenas cosas a sus hijos Imagínense cuánto más dispuesto estará su Padre Celestial a dar buenas cosas a quienes le pidan. Este fin de semana podemos ir a algún lugar a la playa, a la plaza, donde sea, no importa. Arrodillarnos en nuestro corazón junto a nuestro Padre Celestial. Doblar las rodillas mientras el sol de su amor nos acaricia la espalda. Quedarnos ahí un rato junto a él mientras sentís esa brisa.
Cerrar los ojos y pensar en lo que han sido estos últimos días, lo que han creado juntos. Imaginá a tu padre del cielo mirarte a los ojos con un amor como nunca te han amado. Y ha sido un gozo para mi corazón haber construido juntos. ¿No fue divertido? Sí, la vida tal vez arrastró algunas cosas. Pero mañana hagámoslo juntos otra vez. Que esta esperanza nos llene el corazón. Que así sea. En el nombre del Señor Jesucristo. Amén. Bendecido fin de semana para todos.