Muy buenos días, soy Fabi. Todos tenemos campos, semillas y alguna que otra tribuna. ¿De qué estás hablando en esta mañana? Apenas comenzamos y tal vez ya te surgió la pregunta. Me explico nuestro campo es el lugar donde nos movamos hoy. Nuestra semilla es lo que Dios ha puesto en nuestra vida para hacer crecer. Y todos, absolutamente todos, tenemos alguna semilla en nuestra mano hoy. Creatividad, empatía, flexibilidad, pensar, comunicar, escuchar, organizar, alentar, resolver problemas, amar.
Bueno, la lista es casi interminable. La tribuna es la gente que mira o observa, opina y sí, a veces critica. Siempre habrá gente sentada en la tribuna de tu vida y de la mía. Y en esta metáfora hay gente amiga con buenas intenciones que te motivarán a seguir, voces sabias que nos acercan al propósito de Dios. Y también otros presionan donde duele, dudan, malinterpretan, quieren controlar, juzgan. ¿Puedo preguntarme a esta estoy sentada yo también en la tribuna de alguien cultivando alguna actitud como esta? En fin, no somos la suma de lo que la gente opina sobre nosotros, sea positivo o negativo.
Los elogios de la gente no te definen, las cosas negativas no te definen. No todas las personas entenderán tu semilla. Eso no significa que lo que vos cultivás no sea importante. Aún así, no nos detengamos en poner manos a la obra en el propósito que Dios tiene para nuestra vida hoy. En primera Pedro capítulo dos, describe cuál era la actitud del Señor Jesús con esa tribuna que lo criticaba allí jamás contestaba de la misma manera. No amenazó a quienes lo hicieron sufrir, más bien dejó que Dios lo cuidara y se encargara de todo, pues Dios siempre juzga con justicia. Así que es hora de despejar la tribuna. Este jueves, en nuestra grada hay uno solo a quien tenemos que agradar realmente con nuestra fe, con nuestras acciones.
Uno solo que jamás nos quita la paz interior, sino que la enciende, la motiva, la doña. La tarea de hoy, cualquiera que sea que tengamos en nuestra mano, es esa que apunta hacia el Señor Jesús. Él vivió una vida agradando al Padre Celestial. Él no se impresiona por nuestros números terrenales. Él nos bien hecho, porque nos ocupamos de lo que nos ha confiado ese campo, esa semilla, para que sea para su gloria. Que Dios nos dé fuerzas y gozo mientras avanzamos hoy. Que tengas plena seguridad que él te ve y que a su debido tiempo recibirás el aplauso del cielo y te alegrarás de haber confiado solo en él. Que así sea. En el nombre del Señor Jesucristo.