Muy buenos días, soy Fabi. Cada amanecer es el primer día. Hoy está hecho de nueva esperanza. Pienso en María, en aquel huerto que se relata en el evangelio de Juan, el capítulo 20, después de la muerte del Señor Jesús. Era un amanecer, era un nuevo día, pero su esperanza, su camino a seguir se sentía perdido. ¿A dónde? ¿Qué camino sigo ahora? ¿Cuándo fue la última vez que te sentiste así? ¿Perdido, perdida? A veces lo único que podemos hacer es quedarnos ahí, justo donde estamos, y esperar confiados que el camino, la verdad y la vida susurre nuestro nombre. ¿El relato Apreciada mujer, por qué lloras? ¿A quién buscas?
Jesús le María. Ella se dio vuelta y le Maestro, si la esperanza de un camino nuevo, vivo y abierto no puede encontrarnos en la confusión que sentimos hoy, entonces tal vez nos estemos aferrando a lo equivocado, porque el camino siempre nos encuentra. No importa cuán perdidos nos sintamos. Dios no nos necesita en nuestros mejores momentos. Dios no nos necesita hoy en modo fotos perfectas. Él solo quiere que nuestro corazón descanse en su verdad y su guía. El Señor dirige nuestros pasos, se deleita en cada detalle de nuestra vida. Aunque tropiecen, no caerán, porque el Señor los sostiene de la mano, dice el salmo 37. El Señor ya sabe lo que sucede en el próximo capítulo de nuestra vida.
¿Si tenemos hoy varias opciones para seguir él sabe cómo irá si elegimos la A, la B o la C. Qué pasa si no tomo el camino correcto? Podemos pensar estaré perdido para siempre. Tal vez nuestra limitada manera de pensar puede haber callejones sin salida, pero el Señor nos ama demasiado para dejarnos ahí. Entregá al Señor todo lo que hacés, dice el Salmo 37. Dale el derecho de entrar en las cosas de tu vida, dice otra versión, y él te ayudará.
Dios siempre está dando señales de su presencia en el camino de nuestra vida. Y cuando nos sintamos perdidos, podemos levantar la mirada y encontrarnos con su dirección, con su guía. Cuando estaba confundido y en apuros, clamé al Señor y me sacó a un lugar espacioso, dice el Salmo 118. Que avances sabiendo que Dios te respalda, que te precede y pone su mano de bendición sobre tu vida. Así es. En su nombre,