Muy buenos días, soy Fabi. Hoy meditamos en el salmo 126. Señor, danos de nuevo la libertad. Haz que seamos como desiertos que se llenan de manantiales. Los que con lágrimas sembraron, con canciones de alegría cosecharán. Y allí, en la oscuridad del capullo, casi todos los tejidos viejos de la oruga se desintegran para formar nuevos órganos y estructuras que antes no existían en ella y la convertirán en mariposa. La fuente es biodiversidad. Com en el proceso no podemos ver más allá de lo que sucede dentro de nosotros mismos en esos capullos de esta vida. No sabemos con certeza lo que está pasando, pero se siente tal vez la oportunidad mariposa en nuestros días. No es fácil ver a Dios cuando el dolor o lo difícil desprende cosas conocidas en nosotros.

La extensa espera puede engañarnos y hacernos pensar que estamos completamente solos y que el proceso no tiene sentido. Si alguna vez estuviste en alguna envoltura de esta vida, casi sin movimientos, sin perspectiva clara del mañana, comprenderás lo que significan estas palabras. Y sí, nos cuesta creerlo, pero es absolutamente así. Estamos aprendiendo, creciendo, cambiando. Pero hay que humildemente sentir el proceso, aceptar con manos abiertas, dejar atrás nuestros puños cerrados del corazón y consentir que Dios también tiene propósito para vos y para mí. Esto hay una diferencia sutil y a veces pasada por alto en el proceso que muestra el Salmo 126 que leímos al las lágrimas por sí solas no son promesa de sanación ni alegría después. La promesa reside en plantar, mientras atravesamos el proceso, la garantía de la cosecha posterior a esta temporada la fe. Esa es la garantía de la próxima cosecha.

Elegir confiar hoy es sembrar su palabra en nuestro corazón y en el de alguien más. Es creer en sus promesas. Por eso, algunas verdades a las que aferrarnos hoy esto lo sé Dios está conmigo, dice el salmo 56. Que mi alma descanse porque Dios ha sido bueno conmigo, dice el salmo 116. Porque yo sé en quién he puesto mi confianza, dice Segunda Timoteo. Un no te rindas. Mirá esa rotura del alma, ahí es por donde entra su luz. Que así sea. En su nombre,