Muy buenos días, soy Fabi. Alguien escribió cada día tiene dos asas. Podemos tomarlo por el mango del miedo o por el mango de la fe. Solo estoy de paso, no voy a quedarme. ¿Dijiste alguna vez esta frase? La dije ayer, lo que me recordó esta mañana. Que cualquier lugar difícil donde tu alma, pensamientos, sentimientos estén hoy, no son el lugar donde se quedan para siempre. En Isaías 43 cuando pases por aguas profundas, yo estaré contigo. Cuando pases por ríos de dificultad, no te ahogarás. Cuando pases por el fuego de la opresión, las llamas no te consumirán.
Estamos de paso, en medio de las pruebas, pero este lugar no es para siempre. Sé que en un momento parece que sí. Es como si la luz se fuera, si las ventanas se cerraran y así de cerrado se ve el camino ahora. Pero no será para siempre. Cuando pases, dice el Señor. Así que somos de los que están de paso. Sí, llegan los problemas, sí, se puede poner difícil, pero no es el final de la historia. Dios está aquí con nosotros, la esperanza sigue aquí y somos más fuertes y más valientes de lo que pensamos. ¿Por qué digo esto? No es una frase bonita. Es una verdad espiritual liberadora. Cuando ponemos nuestra vida en las manos de Dios, cuando reconocemos que no podemos seguir en esta vida separados de su amor, cuando le señor, me alejé de tu camino. Perdón por mi soberbia, por mi orgullo. Te necesito, te abro mi vida, mi corazón. Hoy algo transformador ocurre en nuestra vida. Dios nos da su Espíritu Santo, que es el verdadero poder que pone en movimiento nuestra vida. Es como un viento fresco que impulsa las velas de nuestra mente y corazón hacia Dios, hacia el otro lado, hacia su salida para nosotros.
Estás luchando solo mientras cruzas los ríos de esta vida. No dejemos a Dios afuera. Permitámosle obrar hoy en nosotros. Es todo lo que necesitamos. Señor, yo necesito tu fuerza cada día, cada minuto de mi vida. Así es. En su nombre.