Muy buenos días. Soy Fabi. Busqué mis lentes esta mañana para leer. Estaban sobre mi cabeza. ¿Me río y pienso será la edad? Deambulamos a veces en lo que pasó en la semana donde puse esa verdad de Dios que necesito para superar este momento difícil del día. Y si es que a veces nuestros corazones son olvidadizos también. Así que podemos tomarnos un momento para recordarle a nuestro corazón esa verdad que nunca desaparece pero que perdemos de vista en medio de tanto ajetreo en nuestros días.

Espero que las recordemos este fin de semana con el mismo alivio como cuando encontramos lo que creíamos perdido. Ah, sí, aquí está. Dios te ve. A los ojos de Dios, el tamaño no es igual a importancia. El que hace girar las estrellas como bailarinas al anochecer. El que cuida a esa semilla pequeña que germina bajo la oscuridad de la tierra. Si él cuida de las aves, cuidará también de ti. Tu Padre celestial que te ve y te conoce sabe de qué tenés necesidad, nos dice el evangelio de Mateo. Aquí va otra verdad de Dios lo que hacemos no es igual a lo que valemos. ¿Por qué nos sentimos intimidados por lo que tenemos que hacer? ¿Por qué tanto estrés por lo que ponemos en nuestras manos? Porque muchas veces estamos preocupados por lo que el resultado dirá de aprobado o rechazado, capaz o inútil, éxito o fracaso. Somos tan buenos como lo que producimos, pensamos. Y eso, amigo, nos hace correr una carrera agotadora e interminable. ¿Pero entonces, de dónde viene nuestro valor? Tu valor y el mío es un regalo directo del corazón de Dios ofrecido con manos extendidas por aquel que nos conoce, que nos creó.

Nosotros no producimos nuestro valor. Lo recibimos de su gracia, de su amor. ¿Qué otra pregunta surge en tu corazón al finalizar esta semana? Hay verdades susurradas por el cielo a nuestro corazón hoy. Somos amados, tenemos propósito tan altos como los cielos sobre la tierra. Así tan grande es el amor de Dios por nosotros. Dice el salmo 103 a veces lo que necesitamos para seguir adelante está más cerca de lo que creemos, de lo que pensamos. Y podemos elegir recordar lo que nuestro corazón jamás debería olvidar. Presenciamos, confiamos y agradecemos porque Dios hará por su amor lo que sólo él puede hacer. Que así sea. En su nombre, amén. Bendecido fin de semana para todos.