Muy buenos días. Soy Fabi. Hoy meditamos en Efesios dos, porque el Señor es nuestra paz. Hay semanas que pueden comenzar con oraciones imposibles y a veces no se trata de ver un gran milagro ahí afuera, sino más bien de algún cambio profundo en nuestra alma. Cuando la esperanza se rompe, ahí está el príncipe de paz, porque él lo sabe todo y se inclinó por amor para recoger esos pedazos rotos y realizar un mosaico nuevo y asombroso de gracia y propósito.
El hecho de que hayamos comenzado esta semana y que haya aliento en nuestros pulmones es un testimonio de que hay plan y hay visión de parte de Dios para nosotros. Sí, podemos sentirnos rotos, enredados tal vez en nuestros miedos. Sé que Dios no nos llamó a una vida de días totalmente fáciles, pero sí nos llamó a una vida poderosa. Por eso le pido a Dios en esta mañana que aquellos que conozcan tu vida puedan tiene que haber un Dios en el cielo, de otra manera, él o ella no podrían haber atravesado esto solos.
El Señor Jesús vino para darnos vida, y esa vida implica que todo en tu historia y en la mía tiene sentido. Sé que no estamos comenzando una semana más. Dios tiene un plan y está su firma al pie, y es de esperanza y no de mal para nuestras vidas. Como dice Jeremías capítulo 29, vamos a confiar que sea una semana de corazón audaz, aferrados a sus promesas. Busquemos a Dios en las circunstancias de esta semana, de este día, y lo vamos a encontrar allí, caminando a nuestro lado, sosteniendo nuestro corazón.
Si me buscan de todo corazón, podrán encontrarme, sigue diciendo Jeremías capítulo 29. Hay una sola cosa que puede mantenernos encadenados al pasado y es la incredulidad de que Dios ya está abriendo un camino nuevo para que avancemos hoy por él. Qué vamos a hacer con lo que el Señor Jesús nos está ofreciendo un día con él en su paz y en su propósito. El enemigo de nuestro corazón ve nuestro potencial con mayor claridad a veces que nosotros mismos y trabaja horas extras para evitar que nosotros veamos quiénes somos realmente en Dios. Seamos sabios en esta mañana. Que Dios abra nuestros ojos a todo lo que él nos ha dado. Te desafío a que creamos que hay todavía más tramos maravillosos en su presencia.
Tenemos un guía que nos conduce con alegría, con esperanza, con esa paz que experimentaremos porque tenemos su victoria. Que así sea. En su nombre. Amén. Bendecida semana para todos.