Muy buenos días, soy Fabi. El pasado fin de semana estuve recordando y comenté sobre aquella escena en las crónicas de Narnia donde se encuentra Rillian, el príncipe heredero pero prisionero, que deambulaba de un lado para el otro como adormecido porque un encantamiento le había hecho olvidar quién era. Solo 1 h al día recordaba que era libre e hijo del rey. Podemos tener toda la bendición, la promesa, el poder dado por Dios, pero si no creemos quiénes somos en él, daremos vueltas y vueltas en el mismo lugar.

Somos hijos e hijas del rey de gloria y la verdad nos hace libres para extender las alas de águilas hoy y volar. La mayor amenaza para el enemigo es que nosotros sepamos y creamos quiénes somos en Cristo. El primer lugar donde nos ataca es en nuestra identidad. El ladrón viene para matar, robar y destruir, dice Juan capítulo 10. No estamos en un juego de niños, es salir y vivir este día como el diseño de Dios quiso que seamos.

Esa es nuestra batalla de hoy. La gente puede posicionarnos, rotularnos nosotros mismos, hablarnos y etiquetarnos con no tuve suerte, no puedo, no salió bien, entonces renuncio, abandono. Olvidamos quienes somos tan fácil como lo que comimos hace tres días. Tesoro especial te llama Dios en esta mañana en Deuteronomio capítulo 14, precioso para Dios en Isaías 43, bendecido en Filipenses cuatro hijo e hija en primera Juan tres. Y a veces nuestros días cansados y agotados por llegar a un lugar donde Dios ya nos ha puesto, un lugar donde ya vivimos en él. Ya no luchamos por ser bendecidos, vivimos en su bendición por el sacrificio y la Victoria del Señor Jesucristo a nuestro favor.

Y este mismo Dios que me cuida suplirá todo lo que necesiten de las gloriosas riquezas que nos ha dado por medio de Cristo Jesús, dice Filipenses cuatro. Que la maravilla de su verdad reavive tu memoria y fe en este día apartamos la mirada de las opiniones y miramos a quien libertó nuestro corazón de toda atadura. Que tu corazón lata en este día con el ritmo de la promesa de Dios, poderosa y abundante. Recordemos quiénes somos hijos del Rey de Gloria. Nuestro padre es soberano y estratégico.

Confiemos y esperemos en él. Que así sea. En su nombre,