Muy buenos días. Soy Fabi. El emperador Marco Aurelio tuvo un hijo llamado Cómodo. Creo que a él fue a quien su padre le Tus defectos como hijo son mi fracaso como padre. ¿Qué tal para pensar, no? Pero no voy a hablar de emperadores, ni de padres e hijos. Voy a hablar de la sal. Pensá en tu plato de comida favorito sin una gota de sal. Sería sin un granito de sal. ¿Sí, sé que muchos comen sin sal por salud, pero aparte de esto, fuiste alguna vez a un restaurante, pediste el mejor plato, pero no tenías sal? ¿Me trae la sal, por favor? Pedimos al mozo, sacudimos el salero después de esto y el plato mejora.
Fuera del salero era un título imperativo de un libro hace años. A veces Dios nos llama a salir de la zona de confort. Dios nos pide que seamos sal. Sal en la mesa del desayuno, en el almuerzo, cuando las cosas en este día se ponen difíciles, cuando el futuro nos preocupa, cuando las palabras que critican y se quejan abundan, cuando los corazones no dan más. Pero hay un lugar más cómodo para la sal que el salero. Y aquí es donde cómodo entra, porque para algunos de nosotros, ese podría ser nuestro segundo nombre.
Estamos cómodos. No nos molesten. Punto. El tema es que la vida no sigue nuestro guión. Y cada día, Dios, que nos conoce, ama y sabe el potencial que ha puesto en nosotros, nos mueve el salero de vez en cuando. El problema de la sal es que no se ve una vez que está en la comida. Se siente el sabor, pero no se ve. Nadie se va de un restaurante diciendo qué rica estuvo la sal. Pero un toque de sal lo cambia todo. Seremos sal en este día.
Hacemos lo imposible para evitar que algo nos incomode, pero el Señor Jesús, nuestro mayor ejemplo, nos muestra un camino muy diferente. Él salió del salero. Él, siendo el dueño y Dios de todo, descendió por amor a nosotros y nos transforma la vida para siempre. Aunque era Dios, dice Filipenses capítulo dos, no consideró aferrarse a eso, sino que por el contrario, renunció a sus privilegios divinos y adoptó por amor la humilde posición de siervo.
Vine para servir, no para ser servido, dice el Señor en otra parte de la palabra. ¿A qué nos cuesta o en qué área nos cuesta más cambiar? ¿La comodidad física? ¿La comodidad emocional? ¿La comodidad espiritual? ¿Estás amargando o haciendo más sabroso los días? Ustedes son la sal de la tierra, dice el Señor en Mateo capítulo cinco. Este es un buen día para dejar que Dios nos mueva el salero y salir y ser un grano de amor, de aliento, de paz, de esperanza de Dios en este mundo. Que así sea. En su nombre.