Muy buenos días. Soy Fabi. Un ancla es $1 que un barco deja caer para mantenerse en su lugar. En la antigua Roma, las anclas se usaban como símbolo de esperanza y firmeza. Los primeros cristianos las adoptaron para representar la fe en tiempos de persecución. Hebreos capítulo seis. Es imposible que Dios mienta. Los que acudimos a él recibimos gran consuelo y protección, confiados en la esperanza que nos ha dado. Esta esperanza es como un ancla firme y segura para nuestra alma y llega hasta la misma presencia de Dios. Las promesas de Dios no están llenas de polvo ni son viejas.
Son tan potentes, tan poderosas como siempre. Tu corazón y el mío están anclados hacia el cielo. Tal vez sintamos la tormenta demasiado fuerte hoy, los vientos en contra. La esperanza en que Dios cumple sus promesas es un ancla que vale su peso. Resistirá más allá de las circunstancias. Y no es una expresión de deseo. Es la palabra verdadera de Dios. El punto hacia dónde estoy tirando el ancla no es adonde caiga nuestro corazón. Tira el ancla hacia el cielo, hacia Dios, donde él se siente en su trono y nada puede separarnos de su amor. A veces, en medio de las tormentas de esta vida, olvidamos la fidelidad pasada de Dios. Dudamos que él se está moviendo en lo profundo, transformando de adentro hacia afuera.
No culpemos ni nos alejemos de Dios por las circunstancias, cuando es el único que puede actuar poderosamente. En medio de las horas de este día. Tenemos su palabra. Tenemos su presencia. Tenemos sus promesas. Las tres p que necesitamos para vivir una poderosa vida de reino Palabra presencia promesa. Que una nueva esperanza fresca surja en tu corazón. Que te vuelvas más fuerte y firme en tu esperanza y fe en Dios. Que encuentres gozo en medio de tu batalla.
1 Nueva provisión llegue desde el cielo, donde sólo has visto hasta hoy carencia. Sigamos adelante confiando en el Señor, porque él permanece junto a nosotros. Que así sea. En su nombre.