Muy buenos días, soy Fabi. Recuerdo de niña correr y jugar entre la viña en casa de mis abuelos. Decían que mi abuelo Juan tenía muy buena mano para cuidarla. Es invierno aquí y es época de poda. Este proceso es esencial para mantener la salud del futuro fruto. La poda se realiza cuando la vid está inactiva, entre la caída de la hoja y el inicio de los primeros brotes. Yo soy la vid verdadera, dice el Señor Jesús en Juan capítulo 15.

Y mi padre es el labrador. Él poda las ramas que sí dan fruto para que den aún más. Hay vida, volverá a dar fruto, como estas vides de por aquí. Hay temporadas, hay días de aparentemente nada. Hasta la esperanza de que algo nuevo brote parece perdida también. El secreto del brote nuevo no es ningún toque mágico. El secreto del fruto es que la planta permanece. Lo repite más de 10 veces en este pasaje. A veces los caminos que más queremos evitar, arreglar, que pasen rápido, son en realidad el camino a la vida abundante. Dios no le saca días al invierno por nuestra ansiedad, porque él sabe todas las cosas y las temporadas. Él no tiene miedo ni ansiedad.

Ninguna vid sale corriendo porque es invierno y parece que nada está cambiando. Se queda, vive el proceso. Sabe que otra primavera de brotes nuevos se avecina. Y encuentro que nosotros hacemos por lo menos una de estas tres cosas cuando no nos gusta cómo el Labrador del Cielo trabaja en nuestra vida. O abandonamos, renunciamos, o apretamos los puños y los dientes y le decimos a Dios que vamos a tomar las cosas por nuestra propia cuenta.

O nos desanimamos, murmuramos, nos llenamos de rezongo, ingratitud. La amargura comienza a echar raíces en nuestro corazón. Pero como un destello de sabiduría, le pido a Dios que llegue a nuestro entendimiento en este tiempo para que podamos permanecer, para dejar que Dios saque lo que nos sirve y tengamos visión y fuerza para lo que viene. Como si Dios hiciera un pasadizo desde nuestra mente al corazón y lo que sabemos y decimos de Dios en teoría, como que es sabio, que es confiable y amoroso, comience a germinar en nuestro corazón y encontremos en este día la paz del cielo que comienza a dar nuevos frutos en nosotros. El Señor Jesús les dejo un paz en la mente y en el corazón. Así que no se angustien ni tengan miedo.

Permanezcamos en confianza. Pronto veremos nuevos brotes. Así es. En su nombre.