Muy buenos días, soy Fabi. Es un puente famoso en la historia y fue construido para unir China con Corea del Norte. Pero una guerra en 1950 lo convirtió en algo inútil, roto, sin propósito más que alguna foto de algún turista. En hebreo, la palabra esperanza es tikva y se define como una cuerda. La raíz de la palabra es reunir, esperar, esperar por, esperar sobre y esperar en. En cambio, para nosotros, a veces la esperanza es más como papel picado brillante, pensando que algo de ese optimismo nos toque en este día y cambie en paz la preocupación que nubla nuestras horas. La primera vez que la palabra esperanza se nombra en la Biblia es en la historia de Rahab en Josué capítulo dos. Es una historia apasionante para leer completa.

Ella ayuda a los hombres de Dios a escapar de los enemigos haciéndolos bajar por una cuerda a través del muro. Ella pide una sola cosa, creyendo que una vez más Dios daría la victoria a su Salven mi vida y la de mi familia. Ellos contestaron allí en Josué capítulo dos cuando hayamos conquistado esta tierra, ata esta cuerda roja a la ventana, trae a tu familia y estarán a salvo. A veces la esperanza puede pender de un hilo en nuestra vida, pero cuando está puesta en Dios, no depende de nuestras fuerzas para sostenerlo, sino de su fidelidad y poder. Y es un puente que une su corazón al nuestro y no se rompe.

No importa la batalla que se desate, el Dios de toda esperanza nos sostiene. La esperanza no está en nuestras frágiles manos, sino que se trata de poner hoy nuestro frágil corazón en sus manos. Y en esto hay una gran diferencia. En otro tiempo, ustedes vivían en este mundo sin Dios y sin esperanza, dice el apóstol Pablo en Efesios capítulo dos. ¿Me pregunto y cómo vivimos nuestros días? ¿Somos puentes rotos? O mantenemos unida nuestra cuerda de esperanza a la promesa fiel de la palabra de aquel que que no falla.

La mano de Dios sigue sosteniendo la cuerda. Su esperanza no se rompe. Por eso le pido a Dios que esta verdad cubra tu corazón en esta mañana, que sintonice su latido al suyo. Y sé que pasaremos al otro lado, que caminaremos de su mano por lugar espacioso, porque Cristo es nuestro puente. Él es nuestra garantía de victoria. Él es el Dios de toda esperanza. Que te llene de paz mientras confías en él. Que así sea. En su nombre,