Muy buenos días, soy Fabi. Al parecer no hay nada que no pueda suceder hoy, escribió Mark Twain. Galileo Galilei, alrededor del 1609, introduce y mejora el telescopio para hacer descubrimientos astronómicos revolucionarios para la época. Sus contemporáneos no le creyeron, se burlaron de él. Entonces Galileo se sentó solo con su telescopio y fue el único observador de la inmensidad del cosmos. Un solo testigo de las galaxias que nadie había visto e imaginado.

Galileo tenía la inmensidad de aquel cielo para sí mismo. Mirá bien el cielo. Hay tantas estrellas que no las podés contar. Así será la descendencia, le dijo Dios a Abraham en Génesis capítulo 15. Abram confió en la promesa de Dios. Por esto Dios lo aceptó. Fue así como se hizo amigo de Dios, dice Santiago, capítulo 2. ¿Mantendremos los ojos de la fe en este día para ver lo que Dios está haciendo o como aquella cerrada sociedad del 1600? ¿Preferimos no abrir nuestro corazón a las muestras de la presencia del amor, de la provisión de Dios en este día para nuestras vidas?

Dios no te abandona. Esta es tu realidad actual. Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ningún corazón ha concebido lo que Dios ha preparado para los que le aman, dice 1 Corintios 2. ¿Confiarás en esto o no? ¿Tomaremos este jueves el telescopio de la fe o daremos la espalda diciendo no ha pasado, por lo tanto no va a pasar? Como aquel grupo de científicos compañeros de Galileo, Hay que tener coraje para ver la belleza y el obrar de Dios en lugares comunes. Porque el descontento y la incredulidad tienen más adeptos en este mundo que la fe. Nada restaura más nuestro gozo que recuperar la visión espiritual de la esperanza basada en la verdad de Dios para nosotros. ¿Dónde empiezo?

Tomemos el telescopio de la fe y simplemente contemplemos con gratitud la belleza y la manifestación del amor de Dios que ya existe en nuestros días. El telescopio puede ver más y más brillante porque se enfoca en la luz. Y el Señor es nuestra luz. Él es nuestra esperanza y vida para siempre. Y no puedo imaginar una bendición mayor. Así es. En su nombre.