Muy buenos días, soy Fabi. Este jueves el Señor nos invita a su propósito. Y siempre hay algún otro lado de promesa para entrar en este viaje de la fe. Tal como aquel conocido día en Lucas, capítulo 8, en que el Señor le dice a los discí crucemos el lago. Vos y yo estamos metidos también en esta barca llamada vida. Y el relato cierto día Jesús le dijo a sus discí crucemos al otro lado del lago. Así que se subieron a una barca y salieron. Y esta mañana abrimos la puerta de nuestra casa y salimos a un nuevo día. Y hay momentos en que el viento de los desafíos, de las preocupaciones, los problemas, comienzan a soplar en diferentes direcciones.

Me pregunto de quién soy más consciente en esos momentos, ¿De mí misma o de Dios? Y no vayamos a lo próximo rápidamente, porque esta pregunta es vital. Tiene importancia para pasar al otro lado del momento en el que estamos en nuestra vida. Porque como un tesoro escondido, la palabra de Dios nos revela la clave de cualquier avance que esperamos en este día en nuestra vida. ¿Somos más conscientes de la presencia de Dios o tiene más relevancia lo que siente y nuestra visión de la situación?

¿Creemos realmente que él quiere guiarnos este jueves o es solo una frase bonita? Pero después el barco y nuestro corazón van para donde nosotros queremos. Hay nuevas tierras de promesas para conocer y conquistar. Eso pasó con aquellos discípulos después que el Señor tomó la autoridad en aquella barca. Vieron milagros de sanidad y restauración al otro lado. Y lo mismo para nosotros hoy. 2 Corintios 4 El reino de Dios no consiste en muchas palabras, sino en vivir por el poder de Dios.

¿Cuál es el nuevo territorio al que Dios te está llamando hoy? La mayoría de las veces no tiene que ver con algo geográfico, sino con algo de nuestro corazón. Confiemos porque cualquier viento, cualquier ola que se desate en este día, en este viaje con Dios tiene que pasar primero por el filtro amoroso y sabio de su mano. Dios permite las aguas movidas y profundas, nunca para ahogarnos, siempre para limpiarnos. El plan de Dios se extiende a través de tu vida y es tan extraordinario que no podríamos lograrlo a menos que el Señor intervenga.

Y el Señor sigue abriéndose paso donde parece imposible para nosotros. Y Él nos lleva a ese lugar de promesa. Así es. En su nombre.