Muy buenos días, soy Fabi. Ser excepcional en las cosas ordinarias de la vida de este día, en las cosas comunes entre gente común. Eso no Se aprende en cinco minutos, escribió Oswald Chambers. Una abejita melífera suele visitar 7.000 flores al día, según la National Geographic, para producir una doceava parte de una cucharadita de miel en toda su vida. Es decir, se necesita el trabajo de 12 abejas a lo largo de toda su vida para producir una cucharadita de miel.

¿Te parece poco? ¿Semejante creación como son las abejas para que en toda su vida el propósito sea una cucharadita de miel? Todos tenemos días en que podemos sentir que el propósito es demasiado pequeño. Otro día en el escritorio, otro pañal que cambiar, otra comida que cocinar, otros apuntes que leer. Coincido en que son cosas ordinarias, Pero ordinario no significa aburrido o sin sentido. Ordinario significa que se puede contar. Cada gesto pequeño o grande que tengamos en este día tiene propósito y cuenta.

Y sí no se logra aprender todo esto en 5 minutos, porque a veces resulta más fácil tener fe y confiar en Dios para los grandes desafíos sobre cosas que es obvio que no tenemos control. En cambio, en esas cosas ordinarias que Dios ha puesto en nuestras manos, ahí parece que nuestra alma se queda dormida. Es fácil luchar cuando la causa es grande, pero cuando es alrededor de una mesa de todos los días de la rutina, a veces nos cuesta más. Y también pensamos que propósito es siempre hacia adelante y grandioso.

Pero podemos recordar en esta mañana la abeja solo una parte de esa cucharadita, pero ella no cuestiona el propósito. Tal vez el Reino de Dios, si tuviera un color cuando se manifiesta aquí en los días comunes, sería, no sé, se me ocurre color mostaza. El reino de los cielos es como una semilla de mostaza, Dice Mateo, capítulo 13. Comienza en pequeño y vaya uno a saber a dónde Dios lleva ese crecimiento. No menosprecies estos pequeños comienzos, porque cuando lo hayas terminado, hasta los que no creían en Él se llenarán de alegría, Dice Zacarías, capítulo 4. Señor, que podamos ver con ojos de reino las formas en que hacemos y nos movemos este martes. Despierta hoy por Tu gracia, nuestra alma adormecida, para que veamos que siempre en cada hora de este día, hay propósito.

Que así sea. En el Nombre del Señor Jesucristo.