Muy buenos días, soy Fabi. Hoy meditamos en Josué 1.9 te mando que seas fuerte y valiente. No tengas miedo ni te desanimes porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas. También en Éxodo 33. Allí Dios hablaba con Moisés cara a cara, como se habla a un amigo. Después él regresaba al campamento. Pero Josué no se alejaba de aquel lugar de reunión con Dios. Y a primera vista, siempre pensé que el miedo de Josué se debía al desafío que le esperaba. ¿Cómo lideraría a este gran pueblo después de Moisés? ¿Cuánto duraría este viaje?
Pero como siempre que me tomo un minuto para leer otra vez lo que tal vez sé de memoria, la palabra viva y eficaz de Dios toca alguna otra fibra de mi mente y corazón. El miedo de Josué no estaba ligado a la promesa y su cumplimiento, sino a un futuro sin la presencia del hacedor de la promesa. Y entonces Dios tranquiliza el inquieto corazón de Josué diciéndole, Estaré ahí contigo. Tal vez esta mañana nuestras preocupaciones y miedos se tranquilicen con adoración, que es nada más y nada menos que fijar nuestra mirada en aquel que este día promete no abandonarnos jamás.
Lo profundo del aprendizaje de Josué era que el tramo del desierto, de ríos por cruzar, de batallas que librar, eran inevitables. Y por mucho que se había vuelto hábil y experimentado en el pasado, no podía tener control de lo que venía. Era tiempo de conocer de primera mano la paz que viene, de experimentar la presencia de Dios. Y vos Y yo. Porque tal vez haya una lista de cosas que ya sabemos de Dios, pero eso es todo.
Como aquellos discípulos en la barca en el Nuevo Testamento, o como Josué en la batalla, podemos pasar de tener al Señor como maestro y conocerlo hoy, experimentarlo personalmente como el Dios que está con nosotros hasta el fin. Quizá las palabras que el Señor me dijo esta mañana te sirvan también. Lo que necesité es atravesar. No me quedaré dormido. No perdí el control de la situación. Paz en tu mente, corazón, porque estoy contigo. Gracias, Señor, por ser el Dios que viene y se queda, el que cumple cada promesa que hace. Te adoramos por tu omnipresencia, que es estar intencionalmente llenándolo todo en todo.
Aquí en nuestro interior, declaramos que sos más que suficiente. Y podemos hacer Un ejercicio práctico para nuestra mente y corazón este fin de semana. Caminar hacia la puerta de la habitación donde estés, abrirla y quitarte esa carga pesada que es invisible, que no se ve, pero que pesa porque está llena de preocupaciones y miedos, y dejarla ahí afuera y cerrar la puerta y nos alejamos de ella, de esa carga, y nos acercamos a Dios con todo nuestro corazón. Que así sea.
Bendecido fin de semana para todos.