Muy buenos días, soy Fabi. La Ley de la Inercia dice que todo objeto tiende a permanecer en el estado en que está, a menos que alguna fuerza externa actúe sobre él para cambiar ese estado. Mi corazón conoce la Ley de la Inercia, mi cerebro también. Y si nada sacude la comodidad, mucho mejor. Pero Dios está ocupado en nuestro crecimiento mucho más que en nuestra comodidad. Hay una técnica utilizada en algunos árboles frutales, en las que se sacuden para sacar y remover algunos frutos inmaduros y que han quedado muy pequeños y débiles para que caigan y la Energía del árbol se concentre en los frutos de calidad.

Dios nos conoce, nos ama, cuida y sabe que llega el tiempo de Despertarnos. Él envía su Viento sobre nuestras vidas con nuevos desafíos y a veces hasta pueden estar disfrazados de problemas, para mover nuestra mente, nuestro corazón a la renovación necesaria, dejando espacio para lo nuevo que Él tiene para cada uno de nosotros. Y está llegando la primavera y todavía hay algunos árboles por acá que están llenos de hojas. Las hojas están secas y el viento es incómodo, pero necesario para que el árbol suelte lo que ya está sin vida. Hebreos capítulo 12 dice que Dios agita, remueve su creación para que solo queden las cosas inconmovibles. ¿Te sentís sacudida, sacudido hoy? ¿Sentís que se están moviendo las cosas en tu interior y hacia afuera? Dios nos está despertando.

Él es el Labrador de nuestro corazón y con el viento de su Espíritu saca lo seco y lo nuevo, lo mejor. El fruto que queda después de eso que hoy estamos sintiendo como sacudida, es para Su Gloria. Él está allanando el camino para lo vivo. Después de todo, no hay cosa más fácil para que se queme que lo que está seco. Así que Dios sabe lo que está sacando. Podemos confiar completamente en eso. Lo que no puede ser conmovido, permanecerá. Cuando pasamos por estos procesos, nos damos cuenta realmente sobre qué estamos construyendo nuestras vidas. Y cuando dejamos que Dios dirija el sacudón y nos rendimos con todo nuestro corazón a Él, entonces es cuando aprendemos a volar.

Deuteronomio 32 Como el águila sacude el nido y anima a los pequeños a volar, así el Señor los guió. Que así sea en