Muy buenos días, soy Fabi. Las viñas prosperan a pleno sol. Esto es algo que nosotros por aquí sabemos bien. Y esta semana mientras caminaba, vi a trabajadores de la viña dedicados a un proceso necesario para la aireación y maduración de la planta. Es un sistema de conducción que le va dando forma para dirigirla hacia la luz solar. Van posicionando los brotes para que reciban luz directa del sol sin que se hagan sombra unas a otras.
Yo soy la vid y ustedes los pámpanos, dijo el Señor Jesús. Para vivir bien tenemos que estar conectados a la fuente de vida. Y los pámpanos también tienen que ser elevados para recibir esta luz del sol, para crecer en su máximo potencial. Amo la creación del Señor, veo la naturaleza y ahí está la firma del Dios de los comienzos, de los procesos y finales. Cuando sintamos que en este viaje de la vida estamos luchando contra viento y marea, elevar la mirada de nuestro corazón hacia el Señor nos reconecta y vivifica espiritualmente. Si las manos del labrador no la llevan, la víctima tiende a arrastrarse, a crecer al ras del suelo. Y tenemos nosotros una tendencia al terminar una estación, una semana, a mirar demasiado lo negativo o por lo bajo. Hay una enorme lista de cosas que le tratan de hacer sombra a la luz de Dios en nuestra vida. Miedos, pasado, preocupaciones futuras, gigantes con rótulos de imposible. ¿Sigo? Sí, ya sé que no es necesario, porque vos conocés tu propia lista.
Pero camino, miro a mi alrededor y sé que gracias al Señor Soberano Todopoderoso, al sol de nuestras vidas, las cosas siempre pueden cambiar. Porque nuestro corazón hoy puede elevarse hacia él y nosotros podemos cambiar nuestra manera de pensar. La esperanza y sanación del Señor en el área de nuestra vida en la que estemos necesitando hoy es posible por su amor y su poder. Señor, ni la noche es oscura para ti. Toda noche es tan brillante como la luz del día, dice el Salmo 139.
Así que ya que estoy en este viaje de la vida, es mejor hacerlo por el lado donde está el sol, escribió Mucarami, un escritor japonés. Él es el camino en nuestro sol. Y siempre está la opción de arrastrarnos en lo negativo, en lo que no fue, en la decepción. Pero de su mano, cada paso es seguro. Mereces dejar de verte entre las sombras. En cambio, que podamos vernos como el Señor nos ve y entonces descubriremos quiénes somos realmente.
Él nos ve con su luz claramente y nos ama siempre. Nos estamos dirigiendo hacia que este fin de semana nuestro corazón se oriente hacia la paz y la claridad de las promesas de Dios para nosotros, pues el Señor es nuestro sol y nuestro escudo. Nos bendice con gracia y gloria, dice el Salmo 84. Que así sea en su nombre. Amén. Bendecido fin de semana para todos.