Muy buenos días, soy Fabi. Este fin de semana, en alguna de las mesas que compartí en el retiro con las mujeres hablamos sobre algo llamado la pérdida ambigua. ¿Qué es? Es una pérdida, podríamos decir, anticipada. Es algo confusa porque se siente aunque todavía no haya sucedido. Y aunque nos parece lejana, la sentimos mucho más seguido de lo que suponemos. Porque la preocupación es hermana gemela de la pérdida ambigua.
La preocupación también es anticipatoria y nos trae, entre otras cosas, dolor de cabeza, tensión muscular, insomnio. El Señor Jesucristo dijo en Mateo capítulo 6 por eso les digo, no se preocupen. Miren, las aves del cielo no siembran, ni siegan, ni guardan comidas en graneros porque el Padre celestial las alimenta. Tú vales para Él mucho más que las aves. Y yo sé la respuesta espiritualmente correcta. Pero hay días en que no es tan fácil para el corazón mirar al cielo y centrar nuestra confianza en Dios. Porque la clave del descanso del alma en este pasaje de Mateo es Dios y su cuidado y su amor. No el pájaro ni nosotros.
Dios piensa, nos ama, nos cuida porque somos importantes para Él. Las preocupaciones que cargamos en este día son como piedras. Sabemos que tenemos que presentarlas y dejarlas ante Dios. Pero me temo que hay días en que después, silenciosamente las volvemos a poner una tras otra en nuestras mochilas y nos las volvemos a llevar antes de que digamos amén. Dios es fiel. Y fiel significa constante, que cumple, que no defrauda.
Exacto, preciso. Él es fiel no solo para hacer lo que puede hacer. Dios es fiel en amarnos. Si hoy miras detrás tuyo, ¿Qué sentís que te persigue? Tal vez preocupaciones, angustias que trae este día. Pero cuando vamos tomados de la mano de Dios, cuando confiamos en su fidelidad, en su amor inagotable, lo que nos persigue es su bondad. Es ese amor que según el Salmo 23, va atrás de nosotros todo este día, toda nuestra vida. Puedo asegurarte que caminar en este viaje de la vida cuando vemos y creemos en esto, es bastante diferente.
¿Cuál es tu gran preocupación? Esa número uno que hay en tu corazón en este día. Ahora es momento de dejar la piedra en las manos del Señor. Decirle que así sea, Señor. Y esa mano que ahora quedó desocupada tomarnos de la mano de Dios, no corramos tan rápido, estamos seguros, protegidos, somos amados, su amor inagotable. Cuida tu espalda hoy. Así es, en su nombre,