Muy buenos días, soy Fabi retomando los audios y les recuerdo otra vez que las próximas semanas van a tener algunos cambios en el ritmo. Los audios Aliento para el viaje debido a diferentes compromisos que tengo, así es que estén atentos. En primera Tesalonicenses capítulo 5, Pablo les encargamos que alienten a los desanimados, que cuiden con ternura a los débiles. Sean pacientes con todos. La paciencia es una cosa rara, Casi siempre que pensamos en ella lo hacemos como algo para extender a los demás.

Sean pacientes con todos, dice Pablo en Tesalonicenses, y todos es todos, inclusive vos y yo. Es difícil extender paciencia a los demás cuando no somos pacientes con nosotros mismos en lo que todavía nos queda por resolver en nuestra vida. Vos y yo necesitamos posicionarnos con un corazón humilde para ser alentados, cuidados con ternura y paciencia por Dios. Y entonces podemos ser un canal fluido para alguien más. Eso que muchas veces decimos yo no necesito, es algo que no podremos dar a los demás.

Cuando soy débil, entonces soy fuerte, dice Pablo en 2ª Corintios 12. ¿Qué parte de tu vida necesita apoyo del cielo hoy? Estar humildemente abierto a que Dios mismo anhela ser nuestro aliento. El cuidado tierno, paciente, con todo lo que queda por resolver, nos abre a recibirlo para después poder entregarlo a otro. Y nos abre también a un nuevo enfoque de lo que es realmente importante, no urgente en esta vida. Quédense quietos y conozcan que yo soy Dios, Dice el Salmo 46. Y la palabra original para quieto Aquí aflojen.

Y esto nos abre a dos nuevas perspectivas. Hace que lo pequeño de nuestra semana vuelva a ser pequeño. Por ejemplo, esa rabieta por el tránsito demorado, o la tarea de la escuela que no pudo quedar perfecta, o el trabajo postergado, o la cita cancelada. La vida acá en la tierra es corta y si ejercitamos la paciencia y nos aflojamos un poco, también, paradójicamente, cambiar el enfoque hace que otras cosas pequeñas vuelvan a ser realmente importantes. Por ejemplo, el desayuno donde se puede escuchar al otro, el abrazo que estamos a tiempo de dar, las palabras de aquella promesa de Dios en la que recuperamos fuerzas para seguir adelante.

Alguien infinitamente más paciente, cuidadoso, amoroso y protector nos está invitando a aflojarnos y a descansar hoy en sus brazos. La oración de la Serenidad, tan conocida pero a menudo tan poco practicada por nuestra impaciente alma. Dios, concédeme la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar, el coraje para cambiar las cosas que puedo y la sabiduría para saber la diferencia. El Salmo 40 Con paciencia esperé que el Señor me ayudara.

Él me miró, me escuchó y a medida que yo caminaba, me estabilizó. Que así sea, en su nombre. Amén. Bendecido fin de semana para todos.