Muy buenos días, soy Fabi. Un aviso, retomo los audios el próximo viernes. No son solo los caminos de las circunstancias que nos tocan recorrer esta semana, es que el Señor Jesús los recorre con nosotros. Una cosa es la geografía de este mundo, otra es entrar en la geografía de Dios. Leí esta mañana Primera Samuel, capítulo 1. Cada año Ana viajaba a Silo junto a su esposo Elcana, dice el relato. Y ella terminaba llorando porque era objeto de burlas por no tener hijos.
¿Por qué lloras, Ana? ¿Por qué estás desanimada? Son las preguntas del versículo 8. Y es notable sí lo significa pacífico, tranquilo y es mencionado unas 33 veces en el Antiguo Testamento. Después de comer, dice el relato, Ana se levantó y se fue a orar. Es que los momentos transformadores de esta semana quizá no tengan que ver con lo que tenemos, con lo que logramos y esperamos, sino a quién nos acercamos. Y nadie podía acercarse a Dios por Ana, ni siquiera su esposo que la amaba.
Ella se levantó y se acercó a Dios y derramó ante él su corazón. Y aquí estoy Señor, con mis sueños que se sienten frágiles como el papel. Aquí está mi mapa con más tachones que llegadas. Me acerco Señor, porque mi corazón tal como está, es todo lo que tengo. Esta es la oración de alguien que no tiene todo resuelto. Esta es la oración de la persona que no quiere que nada se interponga entre ella y Dios. Señor, tú gobiernas el mar. Cuando sus olas se levantan, tú las calmas, dice el Salmo 89. La vida es una oleada y todos somos peregrinos tratando de encontrar nuestro Silo, nuestro lugar de paz. En este día la manera es seguir confiando en que el hacedor de caminos nos sostiene.
Nuestro verdadero trabajo no es provocar la paz, la esperanza, sino levantarnos y acercar nuestro corazón al único que mece nuestra vida al ritmo de su amor y su protección. En este día la esperanza de Dios es esa que no nos decepciona y es la única que vuela este lunes sobre las olas con Dios. Justamente eso que estorba es lo que abre el camino. Como con Ana, que su tristeza abrió camino al cumplimiento de la promesa.
El Señor se acordó y cumplió el anhelo de Ana, dice 1 Samuel, capítulo 1. Y tenemos al mismo Dios que Ana tengamos el mismo corazón, busquemos a Dios ante todo él es el camino a la verdadera paz en este día. Que así sea en su nombre. Amén. Bendecida semana para todos.