Muy buenos días, soy Fabi. Gracias por la paciencia en esperar los audios esta semana. Ver para creer es el dicho que escuchamos en este mundo. No sé, pero esto no es cierto. Hay semanas en que podemos ser testigos de primera mano de la obra de Dios y aun así seguir sin creer que Él toma nuestra mano, que sigue abriendo caminos. Por esto el Reino de los cielos es andar por fe y no por vista. Y no sé la cantidad de veces que lo escuché en el retiro donde estuvimos esta semana y durante toda mi vida. Pero ¿Cuántas veces en nuestros días Dios nos dio su propia visión, su lámpara, para que sigamos caminando, aun cuando el valle era toda oscuridad? ¿Cuántas veces el Señor nos envió el maná del cielo y fue provisión para nosotros, pero al rato lo olvidamos y nos volvemos desconfiados de su cuidado? Si viera tal o cual milagro en mi vida, entonces confiaría en Dios.
Pensamos y vemos milagros todos los días. De hecho, vos sos uno de esos. Y sin embargo, nos cuesta confiar en que Él va a cuidarnos. ¿Esta? Entonces, ver no es creer. Saber no es creer. Presenciar no es creer. Creer es confiar. Confiar es creer. El Salmo 56 Alabo a Dios por lo que ha prometido. En Dios confío. ¿Por qué habría de tener miedo? Y la palabra traducida confianza en el original, aquí significa literalmente aferrarse, adherirse. La vida son olas, dije al comenzar esta semana, pero hay uno que camina sobre ellas.
¿A quien podemos aferrarnos hoy? ¿Quién o qué es tu tabla salvavidas? Ahora imagina tu mano. Sí, así de frágil como a veces nos sentimos. Entrelazada con la mano de aquel que fija las estrellas en el cielo, aquel que talla las montañas de la mano, aferrados a aquel que calma los vientos y los mares. Él nos te sostengo de tu mano, no tengas miedo, yo te ayudo. En Isaías 41 Señor, sálvame, dijo Pedro, comenzando a hundirse al instante.
Al instante, dice el relato De Mateo, capítulo 14, Jesús extendió la mano y lo agarró. ¿Quién tiene la última palabra en tu vida? Estoy acá, amado, amada de mi corazón. Toma mi mano, nos dice el Señor. Hagamos esto juntos. Pero somos vos y yo en este día, quienes decidimos a qué o a quién nos aferramos. Señor, danos la gracia y sabiduría de aferrarnos a tu mano que todo lo abraza y puede y entonces podemos seguir andando por fe y no por vista.
Confiamos en tu cuidado porque nos amás. Que así sea en su nombre. Amén. Bendecido fin de semana para todos.