Muy buenos días, soy Fabi. Fue un encuentro extraordinario por muchas razones. Después de que las mujeres encontraran la tumba vacía de Jesús, a los demás discípulos se les hacía difícil creer el relato. La voz de las mujeres no tenía mucho peso por aquellos días. Dos de ellos, según Lucas capítulo 24, caminaban de regreso a casa. Y lo que pensaban y hablaban, sin duda estaba alimentando su alma, como nos pasa cada día a vos y a mí. Y no era precisamente fe y esperanza en Dios de lo que hablaban, sino todo lo contrario. Entonces Jesús aparece y camina junto a ellos, dice el relato. Pero ellos no lo reconocen. Y me impactan la pequeña frase que está en el versículo 21. Allí nosotros teníamos la esperanza de que fuera. Y todos traemos alguna historia con nosotros. Habíamos esperado que fuera de tal manera. Teníamos la esperanza de que esa relación funcionara.

Teníamos la esperanza de que la respuesta sería un sí. Teníamos la esperanza de que el resultado fuera otro. Esos dos del camino de Emaús podríamos ser perfectamente vos y yo llevamos en la mochila de nuestro viaje la confusión de lo que no entendemos. Y amo a estos dos por eso, porque lo dijeron, porque lo admitieron, porque no esperaron ser espiritualmente correctos. Eran humanos, no Dios. Lo extraordinario, lo sobrenatural, es que Jesús camina con ellos. Él, el Señor, es el factor del cielo que lo cambió todo en sus corazones aquel día. Por lo que aprendo algunas pequeñas cosas. Primero, que la decepción es parte de la vida de este lado del cielo. Que hablar con el Señor de cómo se siente nuestro corazón nos libera.

Y finalmente, que tal vez no lo vea claramente en este momento, pero Dios camina a mi lado y le importan mis tenía la esperanza. Tenemos guía, tenemos compañía, tenemos poder. Mientras caminamos en este día, Dios sigue encendiendo llamas de esperanza en nuestros corazones. Esa chispa que, aunque pequeña, nos recuerda que Dios no ha terminado con nosotros todavía. Él completa la obra. Él lo prometió y y Él es fiel. Esto no es fingir que todo está bien cuando las cosas duelen.

La esperanza del cielo es seguir caminando, es cantar la próxima canción, es poner otro plato para el almuerzo. Es seguir adelante. El amor de Dios no nos decepcionará. Podemos arriesgarnos este jueves a creerle a Él, a tener esperanza. Y pronto nuestros ojos se abrirán y veremos tal como es al que jamás nos Dejó al que nos amó, nos abrazó y nos acompaña todo el tiempo mientras volvemos a casa. Que así sea, en su nombre.